literatura, noviembre 13, 2013

AMPHYTRION

Esta novela recibió el Premio de Primavera de Espasa Calpe en 2000.
Su autor: Ignacio Padilla.

«Caminaba siempre (Eichmann) con el vaivén nervioso de una pequeña locomotora desbocada, agobiante y agobiado por una inercia insostenible que sólo conseguía olvidar frente a un tablero de ajedrez. Sólo entonces su cuerpo adquiría una inmovilidad de esfinge con la que hacía perder el sosiego a sus contrincantes. En muchas ocasiones conté los minutos que se tomaba para mover sus piezas en partidas particularmente difíciles, y nunca, en verdad nunca, le vi pestañear dos veces entre un movimiento y otro.
Lo habíamos conocido en Praga, en 1926, cuando errábamos por los vestigios del imperio durante los años inciertos de la República de Weimar. Los sábados Dreyer y yo asistíamos a un café de aspecto malparado que ostentaba el cuestionable honor de albergar al único círculo ajedrecístico en tierras bohemias. Cada semana, con religiosa fidelidad, jugaba ahí una veintena de individuos alarmantemente parecidos entre sí. Viajantes, burócratas, inspectores de pesos y medidas, escribientes de despachos jurídicos que aguardaban ansiosos el fin de semana para disputarse aquellos mundos blanquinegros con napoleónica avidez. Dreyer se impuso sobre ellos en unas cuantas sesiones, y quizá las cosas no habrían pasado de un simple alarde de aficionados si Eichmann no hubiese irrumpido una tarde en el café dispuesto a defender aquel reducto ajedrecístico como si fuera suyo. Eichmann pidió licencia para jugar con las negras, a lo que Dreyer accedió sin demasiada convicción, más bien sumiso, como si entre ellos se hubiese impuesto desde hacía años un alternativo código de juego donde ciertas reglas habían pasado al ámbito de lo cuestionable. Esa vez, tras una suspensión de horas digna de un daguerrotipo, la partida terminó en tablas.» (páginas 134-135)
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