ajedrez, febrero 5, 2011

DICCIONARIO DE AJEDREZ

Prólogo del libro DICCIONARIO DE AJEDREZ
A. Gude, Ediciones Tutor, 2005

Mi trabajo en este libro ha consistido en seleccionar y definir los términos y expresiones utilizados hoy en el ajedrez.
He prescindido, en general, de información erudita. Así, al describir las piezas sólo se mencionan sus movimientos y valor nominal, sin referencias etimológicas.
Tampoco puede tratarse la historia del ajedrez en esta obra, en cuyo aspecto sólo hace sucinta mención de las principales escuelas. Recordemos que el ajedrez nuevo o, lo que es lo mismo, el ajedrez prácticamente tal cual hoy se juega, data del siglo XV, de modo que la enorme información relativa a nuestro juego, por muy comprimida que pretenda ofrecerse, sólo puede tener cabida en obras monumentales o monográficas.
Hay excepciones que no contradicen lo anterior. No me parecía posible, por ejemplo, pasar por alto a Caissa, la diosa mitológica del ajedrez, ni tampoco a Sissa, el legendario creador de esta infinita trama, a quien debemos tantos desvelos y tanto placer. He incluido, asimismo, tçerminos que ya no se emplean, por tratarse de una información que me parecía valiosa, y que, al ser muy concretos, ocupaban poco espacio. ¿Por qué no informar al lector de palabras como perros, escaque, mano, trebejos, doncellas y algunas otras?
También dediqué una amplia entrada a los autómatas, cuyo mayúsculo fraude es, al mismo tiempo, una fascinante y dramática historia, en la que destacados jugadores de ajedrez se vieron sometidos a las tiránicas exigencias del negocio del espectáculo. Los autómatas causaron furor en su tiempo y sus giras fueron noticia sensacional: la aparente quimera del ser humano, ¡paradójicamente fascinado por inventar una máquina que derrotase a su propio creador!
La mayoría de las aperturas, incluidas las marginales, se han consignado con una brevísima descripción y un diagrama ilustrativo. No es el caso, sin embargo, de las variantes teóricas, que por su número llevarían esta obra a una dimensión excesiva para sus objetivos.
Hay entradas inevitables por su gran significación deportiva e histórica, como los datos relativos a campeones y campeonatos mundiales, récords de simultáneas o niños prodigio, así como las que se refieren a confrontaciones inusuales de rango, a través de medios de comunicación, como los grandes combates por radio (pero también por otros medios: telégrafo, teléfono, télex, televisión, internet), las nuevas relaciones establecidas por el ajedrez con las computadoras y programas de juego, o la tan popular modalidad de las partidas rápidas.
Aunque a lo largo del libro los protagonistas están omnipresentes, ningún jugador tiene aquí una entrada individual. La razón es que, por su importancia, los ases del tablero sin duda merecen un espacio biográfico adecuado (una enciclopedia específica) y no el corsé a que se verían reducidos en una obra de este tipo. Por otro lado, sería difícil limitar el número de grandes jugadores a unas cuantas decenas. ¿Habría que incluir sólo los campeones del mundo? En tal caso, ¿sería justo excluir a Anderssen, Staunton, Morphy, Zukertort, Rubinstein, Nimzovich, Keres, Geller, Bronstein, Larsen, Stein, Korchnoi, Anand, Ivanchuk, Topalov o Judit Polgár? ¿Dónde habría que situar el listón, de abrirse el grifo?
La terminología y conceptos de la problemística están condensados, pues su desarrollo temático es propio de literatura muy especializada, pero confío en que, al menos, sean un principio orientador o punto de partida para el debutante. Pido perdón a los problemistas, porque su mundo es fascinante y merece tratarse con la exquisitez con que ellos lo tratan.
El énfasis en aspectos prácticos del juego puede verse en la inclusión de mates básicos, mates con nombre propio, tipos y estructuras de peones, y numerosas figuras tácticas y estratégicas, siempre con ejemplos y diagramas ilustrativos. Junto con la reglamentación, descripciones de tablero y piezas, y sistemas de notación, tengo la pequeña pretensión de que cualquier lector profano puede aprender a jugar con la asimilación de estos conceptos y ejemplos.
La sistematización y rigor excesivos resultan áridos. Creo que las definiciones o descripciones no deben ser sólo aristotélicas o puramente estrictas y racionales. Algunas gotas de humor, incluso cáustico o negro, no me han parecido, por tanto, inoportunas.
Sólo me resta agradecer a tantos autores de diccionarios, enciclopedias y otras muchas obras sus esfuerzos precedentes, a cuya relación bibliográfica renuncio por ser tarea prolija. Destacaré, entre los españoles, a J. B. Sánchez Pérez y Ramón Ibero, por sus trabajos (de 1934 y 1976, respectivamente), y entre los demás, a Chicco y Porreca (Dizionario Enciclopedico degli Scacchi, 1971), al colectivo de la voluminosa Enciclopedia Soviética del Ajedrez (Karpov, Averbaj, Krogius, Linder y otros; Moscú, 1990), y a Hooper y Whyld, por su excelente The Oxford Companion to Chess (1996).
Espero que la lectura o consulta de este libro le resulte útil y le ayude a resolver algunas de sus dudas en su trato con el más apasionante de los juegos.
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