otros temas, abril 28, 2015

EL PRIMERO (Y ÚLTIMO) PARA ALEKHINE

HISTORIA DEL CAMPEONATO DE LA URSS

I Campeonato – MOSCÚ 1920

Tres años después de haber dado un golpe de timón a la historia, los bolcheviques trataban de gobernar en Rusia (es decir, lo que pasaría a ser la Unión Soviética), a pesar del caos social y económico que las consecuencias de la Gran Guerra, la herencia zarista y la revolución habían acarreado.

En 1920 los tranvías no funcionaban en Moscú y los cortes de electricidad eran continuos. Del centenar largo de cines de San Petersburgo, ni uno solo abría sus puertas. Pero el caos generalizado no era lo peor. La hambruna amenazaban al país entero. Los bolcheviques se habían apoderado de los centros neurálgicos y estratégicos de las grandes urbes, pero aún no habían podido coger las riendas de toda la nación. El Ejército Rojo no controlaba a sus enemigos, y la guerra civil a varias bandas distaba de haber finalizado. La Guardia Blanca y los cosacos del general Denikin, en el sur, y del general Yudenich en el noroeste, controlaban gran parte de territorio. Por otro lado, un contingente masivo de ex prisioneros de guerra, la Legión Checa, regresaba a su país de origen, dominando una considerable parte de Siberia, junto con las tropas antisoviéticas del almirante Alexander Kolchak, que en mayo de 1919 llegaron a situarse a casi 300 km de Moscú. Por si eso fuera poco, aprovechando la confusión general, tropas polacas habían invadido Ucrania con el propósito de apoderarse de buena parte de los territorios colindantes.

La Olimpiada ajedrecística se pone en marcha

En diciembre de 1918 regresó del extranjero un bolchevique convencido, Alexander Ilyin-Genevsky, que por encima incluso de las prioridades del Partido, se había impuesto a sí mismo una misión: relanzar y organizar el ajedrez en el país.

Ilyin-Genevsky –él mismo un buen jugador– fue designado comisario de la Organización General de Reservistas (VSEVOBUCH), que por entonces estaba impulsando una Olimpiada deportiva. Así que Ilyin-Genevsky les propuso a sus jefes incorporar dentro de tal acontecimiento, una Olimpiada ajedrecística Pan-Rusa (o de todas las Rusias). Con este nombre, y con el respaldo entusiasta de los prestigiosos comisarios del PCUS Krylenko y Lunacharsky, se dispusieron los preparativos del primer Campeonato.

La confusión social reinante no permitía saber, a ciencia cierta, quién estaba vivo y quién no, lo que hizo que la organización remitiese comunicados a todas las autoridades militares y demarcaciones burocráticas, con invitaciones a participar a los ajedrecistas destacados.

Por diversas razones, de los 18 participantes del torneo Panruso de 1913-14, sólo seis seguían en Rusia en 1920. Como pérdidas nominales, las más importantes (aunque seguían con vida) fueron las del gran Akiba Rubinstein, que había dejado de ser ciudadano ruso, Ossip Bernstein, que se había establecido como abogado en París unos meses antes, y también Evgeni Znosko-Borovsky. Por otro lado, Bogoljubov se había casado en Alemania, tras haber sido liberado del campo de Triberg.

En definitiva, la mayoría de los participantes eran moscovitas, seguramente porque muchos otros ni siquiera tuvieron conocimiento de la competición. Loevenfish, por ejemplo, recuerda: «Yo viajé de Petrogrado la víspera del comienzo y fui alojado en un cuarto sin calefacción de una dependencia militar.»

El primer Campeonato

La reconstrucción de este torneo es puramente arqueológica, pues se ha perdido casi toda la información acerca del mismo. No existen crónicas ni documentación (¡no digamos ya boletines!) y la mayoría de las partidas se ha perdido. De las 120 jugadas sólo se conocen 36 (de las cuales 15 son todas las de Pavlov-Pianov), por lo que se trata de reconstruir un edificio antiguo del que de cada cuatro piedras faltan tres. No es posible, por tanto, conocer la trayectoria deportiva del campeonato. Las partidas que conocemos y la tabla nos permiten una visión –aunque fragmentaria– del torneo finalizado, pero no la marcha e incidencias del mismo.

Según recuerdos de los maestros de la época, los ajedrecistas solían reunirse por entonces en casa de uno de ellos y como único arma contra la penuria (la falta de alimentos, carencia de calefacción) ingerían azúcar, a fin de preservar la energía y la lucidez cerebral.

Tiempos no sólo de problemas sociales y de miseria localizada, sino de la más brutal carencia de alimentos básicos. Buena muestra de ello es que siete de los participantes plantearon una queja por escrito a la organización, reclamando mayor ración de pan, queso y cigarrillos. Alekhine no suscribió el escrito, pero declaró verbalmente que se solidarizaría con los reclamantes si no se satisfacían sus justificadas exigencias.

Entre los 16 participantes sólo había un gran maestro reconocido (Alekhine) y tres maestros (Loevenfish y los dos Rabinovich). Loevenfish, uno de los pocos que han comentado este campeonato, cuenta en sus recuerdos que le produjo gran impresión la reanudación de la partida aplazada Alekhine-Blumenfeld (una de las partidas que no se han conservado), «…un final extraordinariamente complicado, que ambos habían analizado extensamente. Resulta que los dos contrincantes se presentación a reanudar la partida con voluminosos cuadernos de notas, que contenían cientos de variantes, y ambos estaban convencidos de la superioridad de su posición. Sin embargo, y como a menudo sucede, la lucha derivó por un sendero inesperado, y finalizó en tablas, tras interesantes complicaciones.»

La nómina de participantes contiene importantes referentes, en relación con lo que sucedería en años venideros. Así, nombres como Piotr Romanovsky, el venerado maestro de San Petersburgo, estudioso profundo del ajedrez y autor de sobresalientes libros sobre el medio juego, Nikolai Grigoriev, excelso finalista y teórico, Abram e Ilya Rabinovich, Benjamin Blumenfeld, notable teórico y autor del gambito de su nombre, junto con la destacada figura de Grigori Loevenfish, ninguno de los cuales pasaría inadvertido para la historia del ajedrez. Kubbel no era el extraordinario compositor de estudios Leonid, sino su hermano mayor, Arvid, más fuerte en el juego práctico.

Una importante emoción se produjo ya en la primera ronda, cuando dos de los más cualificados aspirantes al título llegaron a una posición explosiva.

(Partida Romanovsky-Loevenfish)

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(Grigoriev-Alekhine)

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(Romanovsky-A. Rabinovich)

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(Alekhine-Loevenfish)

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(Ilyin Genevsky-Alekhine)

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(I. Rabinovich-Alekhine)

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Daniuszewski-Alekhine)

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(Zubarev-Romanovsky)

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Balance final

Alekhine, que salí como claro favorito, no decepcionó en absoluto, imponiéndose, invicto, con nueve partidas ganadas y seis empates.

Romanovsky, segundo, conseguiría una victoria más, pero su afán combativo le llevaría a encajar tres derrotas. Este excelente jugador (que tenía la misma edad que Alekhine) era otro de los que había permanecido internado en Alemania durante la guerra. Hombre estudioso, esa reclusión parece haberse sido beneficiosa a efectos ajedrecísticos, como fructífero tiempo de reflexión. Por otro lado, convivió con Alekhine, Bogoljubov y sus demás colegas, y pudo disputar muchas partidas con ellos. Por su resultado en el torneo obtuvo el título de maestro.

A un punto de Romanovsky se clasificaría Loevenfish, con un ajedrez técnico y equilibrado, siempre con seerias opciones al subcampeonato, aunque su mejor oportunidad la dejó escapar en la primera ronda con Romanovsky, precisamente en el tipo de posiciones tácticas en que sobresalía.

El ajedrez que se practicó fue de calidad, pero también pudo apreciarse el desentrenamiento y baja forma de muchos participantes. Por otro lado, fue notable la combatividad, con 89 partidas definidas de las 120 totales, es decir, un 74,2%, porcentaje muy alejado del que reinaría en la alta competición a todo lo largo del siglo XX. Romanovsky, por ejemplo, sólo hizo tablas en dos partidas, y Tselikov en una.

Los cuatro primeros puestos quedaron claramente definidos, con cierto equilibrio en la zona media de la tabla (puestos 5º al 12º).

No existen elementos de juicio suficientes para evaluar de manera más detenida la actuación de los participantes.

Los organizadores habían prometido que el primer premio sería una vajilla de porcelana china, pero al final no lograron ofrecer más que diversos artículos confiscados, de dudoso origen. Los jugadores se sintieron, en cambio, gratamente impresionados por los excelentes bizcochos (¡de auténtica harina de trigo!), servidos en la ceremonia de clausura. Un aparatoso jarrón y un diploma fue todo lo que se llevó, en premio a su actuación, el primer campeón soviético.

Alekhine

Nacido el 18 de octubre de 1892, Alexander Alekhine cumplió los 28 años durante la celebración del Campeonato y era ya, por tanto, un experimentado maestro, curtido en numerosos torneos internacionales incluido el de Mannheim 1914, que interrumpiera la Primera Guerra Mundial, cuando marchaba en cabeza, con 9,5 puntos de 11 partidas. Se recordará que, tras la cancelación del torneo, tanto él como Bogoljubov, Romanovsky (que había tomado parte en el Hauptturnier) y los demás jugadores rusos, fueron recluidos en el campo de concentración de Triberg, puesto que Alemania había entrado en guerra con Rusia. Pero Alekhine tuvo suerte y fue liberado un mes después, junto con Bogatyrchuk y Saburov, mientras que Bogoljubov, Romanovsky, Selesniev y otros quedarían recluidos durante toda la duración de la contienda.

Cuando regresó, en vista de la penosa situación reinante en Moscú, decidió instalarse en Ucrania, a pesar de que la región seguía siendo un campo de batalla. Así, en abril de 1919, el Ejército Rojo consiguió recuperar Odesa, ejecutando sumariamente a más de un millar de supuestos traidores al nuevo orden. Pero después de la llegada de las tropas de Trotsky, Alekhine fue arrestado por agentes de la Cheka. Bogatyrchuk cuenta en sus memorias que aquél fue sentenciado a muerte por un tribunal militar y que, pocas horas antes de su ejecución, un maestro y famoso compositor de problemas de la ciudad, Yakov Vilner, le envió un telegrama al presidente del Consejo de comisarios del pueblo en Ucrania, quien resultó que conocía a Alekhine, y ordenó su liberación.

Los expertos consideran  que el momento de eclosión del juego de Alekhine debe centrarse en torno a 1910, de ahí que en 1920 se encontrase en el umbral de sus mejores éxitos, si bien habrían de pasar aún varios años antes de que pudiese disputar un encuentro por el campeonato mundial.

Tartakower escribió interesantes reflexiones, como casi siempre, acerca de Alekhine, y he aquí cómo veía él su progresión: «¿Qué factores psicológicos y de otro tipo contribuyeron a la aparatosa evolución de su talento artístico? 1. Ante todo, la afición incondicional al ajedrez, que consideraba un verdadero arte. 2. Un intelecto muy desarrollado y una sólida instrucción. 3. Una inagotable fuente de ideas. 4. Un constante trabajo sobre su perfeccionamiento, pero no a base de recopilación de variantes, como hicieron Grünfeld y Euwe, sino por replanteamiento de esquemas, planes de juego y combinaciones. 5. El lema: plantear problemas al contrincante en cada movimiento. 6. La serenidad, así en los reveses como en los éxitos, y la consideración de que cada logro era una etapa del camino a recorrer, que lo conduciría a la siguiente etapa superior.

Estos nobles elementos, fundidos, permitieron la creación de aquella serie de partidas brillantes y profundas, que aún hoy nos producen una gran satisfacción estética.»

Alekhine, en suma, ganó, convenció y, poco después, se iría de su país para no regresar. En años posteriores, una relación ambivalente entre él y la Rusia soviética daría lugar a numerosos desencuentros y malentendidos. Sólo después de su muerte sería recuperada y dignificada su figura por su país natal.

2 comentarios

  1. DANIEL FALCONE 13:48, mayo 28, 2016

    HERMOSA RESEÑA HISTORICA SOBRE EL GRAN ALEKHINE! CUANTOS DETALLES NO CONOCIDOS SOBRE ESA EPOCA TAN CONVULSIONADA DE EUROPA Y PARA EL AJEDREZ EN ESAS CIRCUNSTANCIAS.BRILLANTE!

  2. Carlos Puenzo 12:42, mayo 28, 2016

    Excelente reseña histórica- FELICITACIONES.