ajedrez, noviembre 8, 2020

ESCUELA DE AJEDREZ 2

 

ESCUELA DE AJEDREZ 2

 

Prólogo 

¿Cuál es el secreto del ajedrez?

¿Cuál es la misteriosa clave que, como por arte de magia, permite realizar la mejor jugada, es decir, llevar la pieza justa a la casilla precisa, en el momento oportuno?

Para jugar una partida de ajedrez sólo disponemos de nuestras capacidades mentales (inteligencia, imaginación, capacidad de cálculo, capacidad analítica) y de los conocimientos técnicos adquiridos. Dicen que interviene también un misterioso elemento, llamado intuición, que tal vez sea la resultante de todo lo anterior. Así pues, capacidades mentales + conocimientos = capacidad de juego. Esa capacidad es latente. Aún debe plasmarse en el tablero. Queda por ver qué tal andamos de ilusión, concentración, equilibrio nervioso, ambición, aspiraciones y espíritu de lucha. Todo eso + capacidad de juego = fuerza real de juego.

Hay que tener perspectiva para jugar al ajedrez. Esa perspectiva la dan los conocimientos y la propia experiencia práctica. Un experto en billar americano, y autor muy popular, dice que el objetivo de ese juego no es introducir una bola en una tronera, sino situar la bola blanca en un punto de la mesa. Del mismo modo, a ningún jugador actual se le ocurriría decir que el objetivo del ajedrez es dar mate al rey contrario. Lo es, desde luego. Pero el verdadero objetivo es conseguir la ventaja necesaria para ganar. Lo demás se da por supuesto. Tener perspectiva significa tener criterio, saber cuándo es aplicable o no un principio general y cuándo conviene buscar un camino distinto. Tener perspectiva significa ser creativo y actuar conforme a las exigencias de esa creatividad.

Con trabajo y perseverancia se consiguen las metas más elevadas. Si el jugador está dotado de una inteligencia media, su capacidad de lucha y de autosuperación resultarán decisivas. “¿Me está usted diciendo que puedo llegar a campeón del mundo?”, puede preguntarme el lector. No le estoy diciendo eso. Pero si es una pregunta, para contestarle necesito que antes me responda usted a esto: ¿Qué está dispuesto a darle al ajedrez? Porque el ajedrez le recompensará con creces lo que esté dispuesto a entregar de sí mismo. Un famoso entrenador norteamericano de atletismo y baloncesto, Jerry Lynch, decía que le resultaba fácil identificar al atleta o deportista ambicioso y con capacidad de sacrificio, en uno de sus primeros contactos personales. La pregunta “¿cree usted que tengo madera de campeón?” es muy distinta de la petición que otro atleta le hace a pie de pista: “Dígame qué tengo que hacer para ser campeón de Estados Unidos.” La diferencia de actitud es esencial. Cierto que este libro no puede conseguir que usted llegue a campeón del mundo. Esa altísima meta sólo la puede fijar el propio ajedrecista. El entrenador y los libros especializados pueden ayudarle y orientarle, dotarle de conocimientos técnicos. Ni más, ni menos.

La concentración y la perseverancia son cualidades insuperables. Si es usted muy joven, tal vez crea que hay una cualidad superior: la de ver las cosas a la velocidad de la luz. Ciertamente, los buenos reflejos son deseables en ajedrez, aunque como decía un gran maestro, nunca se han logrado más puntos por ganar una partida en más o menos jugadas, en más o menos tiempo.

Pero la concentración no es una cualidad que nos permite practicar la reflexión trascendental, sino que hablamos de una virtud práctica, que tiene repercusión sobre los resultados deportivos. (…)

Persevermos en el tema de la perseverancia. Thomas Edison, el famoso inventor, decía que “el éxito consiste en un 10% de inspiración y un 90% de transpiración”. Pero sospecho que exageraba: la inspiración no debe ser tan importante. Edison es el pasado. Volvamos a Lynch, una autoridad mundial en psicología deportiva: “La perseverancia es un importante rasgo  para el deportista, quizá más importante que el talento. Se ha dicho que el talento significa un 5% de la mayoría de los logros, y la perseverancia y el trabajo duro hacen el resto. Hasta los equipos y los deportistas con mayor talento tienen fracasos, porque no pueden controlar los resultados. Pero el empeño y la perseverancia son cualidades que podemos controlar y desarrollar. Todos los campeones, sin excepción, han cultivado estas cualidades.

No me olvido de la pregunta que abre este prólogo.

El secreto del ajedrez es la capacidad de interpretar y dictaminar las posiciones de forma exacta. Ese arte mayor del análisis, interpretación y evaluación posicional, se puede aprender. Para alcanzar ese nirvana es preciso asimilar los conocimientos técnicos que le permitirán juzgar y jugar la posición que tiene en el tablero. Pues de nada le serviría interpretar a las mil maravillas una posición dada, si no sabe cómo explotar un complejo de peones doblados, cómo tratar una posición del medio juego, o si desconoce los procedimientos de ataque al enroque. Para poder adquirir esa maestría final, con la técnica de interpretación socrática (que nos permitirá extraer las ideas a la luz), hay que precederla del estudio de los elementos que integran el juego. Ése es el propósito de este libro: transmitirle los conocimientos necesarios para poder interpretar posiciones y aplicarles el tratamiento adecuado. Una vez asimilados esos conocimientos, entonces, oh Caissa, ¡hágase la mejor jugada!

 

 

 

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