ajedrez, diciembre 9, 2010

Julian Assange: ¿héroe o enemigo público?

Una reflexión en voz alta sobre el caso Wikileaks

1.
Es difícil categorizar a un héroe. En los formularios oficiales no hay casillero para esa condición, como para profesión o estado civil.
Supongo que un héroe es alguien que hace algo importante por los demás. Pero el Dr. Fleming o la madre Teresa de Calcuta no se consideran héroes y, sin embargo, sus aportaciones a la humanidad no pueden haber sido más importantes.
No hay duda de que un bombero que se juega la vida por salvar la de un niño en un edificio en llamas es un héroe. Pero tengo dudas en otros casos.
Unos discípulos visitan, en su retiro, a Galileo Galilei para convencerlo de que se reintegre al mundo académico. Uno de ellos esgrime el argumento definitivo: «¡Ay del pueblo que no necesita héroes!». Galileo replica: «Incorrecto. ¡Ay del pueblo que necesita héroes!».
¿Cuál es el antónimo de héroe? Porque valiente es el de cobarde.
Sólo hace unas décadas que empezó a circular la palabra antihéroe, que se aplicó fundamentalmente a historias literarias o películas. Actores y críticos comenzaron entonces a describir a determinado protagonista diciendo: «Fulanito es un antihéroe», lo que no nos decía gran cosa, pero parecía aludir a un personaje normal y corriente, en cuya vida no había lugar para aventuras o hechos espectaculares. Sin embargo, tales antihéroes solían tener su encanto, aunque fuese sólo un encanto de tipo literario.

2.
Llegamos pues al Caso Wikileaks, que publica en Internet documentos confidenciales del gobierno de Estados Unidos, y como consecuencia de ello, su máximo responsable es perseguido, incluso con una orden de busca y captura de la Interpol. Assange se entrega hace unos días en Inglaterra y se encuentra en prisión preventiva.
Admito no saber nada de la biografía de este señor. Sólo sé que es el fundador de Wikileaks y que, por tanto, es responsable de haber publicado esos documentos, un acto que, por lo visto, lo convierte en un criminal de la peor especie: un atentado, que parece considerarse puro terrorismo contra la seguridad del Estado.
Tampoco conozco en profundidad los entresijos y minuciosidades de este asunto, pero un ciberdiario no es, a fin de cuentas, más que un lugar en el que expresar libremente tu opinión, sin presión de ningún tipo, no un análisis de investigación con el que aspirar el Premio Pulitzer.
Pero ¿qué es el Estado?, ¿qué es la confidencialidad? y ¿cuáles son esos temibles secretos, sin los cuales, y como se han apresurado a decir voces significadas del neoliberalismo, un Estado no puede funcionar?
De sobra conocemos la cantidad de barbaridades que, en nombre de la razón de Estado, se han cometido a lo largo y ancho de la historia. Una vez desclasificados, muchos miles de documentos del FBI o el KGB han resultado ser dossiers de individuos que, en general, no tenían nada que ocultar, como no fuese una filiación política sospechosa para el orden establecido. En muchos otros casos era una persecución de la vida privada de miles de seres humanos, con el fin de obtener minuciosa información para servir a determinados intereses políticos y posibles sabotajes. Es decir, con intenciones aviesas.

3.
¿Por qué es necesaria la confidencialidad? Una confidencia privada es o debería ser algo sagrado. También puede entenderse en el mundo de los negocios que, al fin y al cabo, en teoría son de ámbito privado. Pero en la res pública, no creo que los ciudadanos de a pie necesitemos secretos de nuestros gobernantes, que suelen ocultar maquinaciones turbias, oscuras conspiraciones y, desde luego, cuestiones indignas, cuando no puramente ilegales.
Lo que Wikileaks ha hecho, yo lo saludaría como una hazaña heroica, como un insigne acto de transparencia, desvelando y transmitiendo al público todas esas componendas. Porque no olvidemos que los gobernantes están ahí por quienes los han votado, y que éstos, los votantes (y también quienes no los han votado) merecen ser informados absolutamente de todo, pues para debatir las cuestiones más importantes están los congresos.
¿Qué necesidad hay de esos sombríos compartimientos estancos en la sociedad? Naturalmente que son muy cómodos para las maniobras del poder. Pero lo que realmente pone en peligro a los estados (es decir, a los países) son las agresiones y las conspiraciones para derrocar a tal o cual gobierno democrático, las temerarias ventas de armas a países belicosos y con ansias expansivas. De todo eso y de connivencias con grupos financieros tratan los documentos confidenciales que, desde luego, no son inofensivos.
El sistema judicial que impera en el mundo es un auténtico fiasco, porque el concepto superior que debería guiarlo (¡Justicia!) no se cumple necesariamente. No es posible que tecnicismos legales, fisuras, buenos abogados invaliden un acto de justicia. No es posible que delincuentes de rango internacional se paseen por la calle, tal vez un poco demacrados tras unos años de reclusión, pero con el botín intacto, mientras que quienes acometen actos de valentía, como denunciar los abusos del poder, se conviertan en reos de la mayor magnitud y se vean amenazados por todo el peso de una balanza apisonadora.
Assange ha informado al mundo: eso es periodismo de alta escuela, un acto de valor y por eso, tal vez equivocadamente, yo lo considero un héroe.

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