Ajedrez, septiembre 11, 2019

LAS JUGADAS MÁS ESPECTACULARES DEL AJEDREZ

INTRODUCCIÓN

 

 

Seleccionar las mejores jugadas del ajedrez en los últimos 118 años es una tarea complicada. No, desde luego, por falta de material, sino precisamente por todo lo contrario. Las bases de datos nos ofrecen ya, desde el siglo veinte en adelante, más de siete millones de partidas, de modo que estas 512 posiciones no sólo podrían haber sido otras, sino que también podrían haber sido varios miles. La cuestión era proponer una selección acertada y un contenido razonable para un solo libro.

¿Por qué 512? Quería preservar la cabalística numérica del ajedrez y, conforme a la leyenda india de los granos de trigo, eso nos llevaría hasta la décima casilla del tablero. El escalón siguiente sería 1.024, una  cantidad de posiciones comentadas que supondría una extensión excesiva y los editores podrían enviarme a paseo. Todas las posiciones corresponden a partidas reales y sólo en algunos casos son variantes analíticas que podrían haberse producido. En tales casos se señalan con un asterisco junto al nombre del segundo jugador.

Por sí sola, una jugada carece de significado o, digamos, tiene por fuerza un significado incompleto. Ni siquiera el mate, porque es la consecuencia o culminación del juego previo. Las jugadas de ajedrez, como todos sabemos, guardan estrecha vinculación con las precedentes y las posteriores, propias y ajenas, existe una red tal de conexiones dialécticas que son inimaginables aisladas. Al decir, entonces, las jugadas más espectaculares, no me refiero, desde luego, a jugadas unitarias, sino a secuencias de juego o combinaciones, aunque en tales secuencias haya alguna o algunas jugadas que destaque(n). He tratado de rescatar lo mejor (o lo que a mí me parecía mejor) de las secuencias combinativas en este período, que abarca más de un siglo.

Las posiciones del primer capítulo son fáciles o relativamente fáciles. Su inclusión ha sido deliberada, a fin de ir escalonando progresivamente la dificultad y, por cierto, la numeración de las posiciones, aplicada a lo largo del libro, responde a un orden inverso a esa dificultad, es decir, se trata de un ranking en el que la posición nº 512 es, en teoría, la más fácil, y la nº 1 la más difícil o mejor o más espectacular.

En el capítulo 2 las combinaciones son más elaboradas y requieren un mayor cálculo. En el capítulo siguiente son ya realmente difíciles y, en todos los casos requieren cierto nivel de maestría o destreza para imaginarlas y ejecutarlas sin dejar cabos sueltos. El último capítulo pretende ser una muestra gloriosa, un Hall of Fame, lo mejor de lo mejor del tablero internacional, siempre a mi juicio, claro está.

Aquí conviene precisar que no existen, en ajedrez, calibradores o aparatos de medida de la dificultad, como tampoco de la belleza o estética de una secuencia de juego, así como existen, para nuestra fortuna, los módulos de análisis para evaluar posiciones, que tantas incógnitas han despejado, echando por tierra algunos mitos y estereotipos que se habían instalado en la teoría de nuestro juego. De modo que el criterio de valoración ha sido forzosamente empírico y subjetivo y es de mi exclusiva responsabilidad.

¿Qué criterios pueden seguirse para juzgar la dificultad de una combinación? Hay posiciones cuyo grado de dificultad se manifiesta por sí solo. El mate en dos, por ejemplo, de la posición nº 512, es puramente básico, porque la respuesta a la primera jugada es única. Pero aun así, es un sacrificio de dama y nuestra mente se resiste, en principio, a entregar tan valioso material. Aquí intervienen elementos psicológicos. Realizar ese remate, con todo, es simple cuestión de concentración. El ajedrez actual exige una actitud desprejuiciada. En combinaciones en las que, además de la línea nuclear, existen variantes alternativas, que requieren cálculo y valoración, la dificultad es considerablemente mayor. Los elementos que dificultan las secuencias tácticas son todos los contactos entre piezas y peones, los jaques, las piezas indefensas, jugadas de ataque en retroceso, eventuales jugadas intermedias, recursos ocultos y, sobre todo, el número de subvariantes o líneas marginales. Y además están, por supuesto, los factores psicológicos o emocionales, así como la presión del tiempo o su ausencia.

Hay otro factor del que nadie habla y que considero fundamental para que podamos comprender el fenómeno de la dificultad o complejidad de una combinación. Me refiero a las imágenes que la misma contiene y que el jugador debe visualizar o procesar. En la posición mencionada entre McShane y Anand, éste sólo tuvo que visualizar tres imágenes, las derivadas de las jugadas 1…Ëh3+, 2.Êxh3 y 2…Îh1++. Es evidente que cuanto mayor sea el número de imágenes que el jugador debe visualizar, tanto mayor será la dificultad (sin excluir los demás factores) que la combinación plantee. Si pensamos, por ejemplo, en las grandes combinaciones de Alekhine, Tal, Spassky, Bronstein, Fischer, Geller, Kasparov, Kramnik, Shirov, Carlsen y Cía., debería impresionarnos el enorme número de imágenes que estos genios tuvieron que procesar, incluso cuando confiaban, en determinadas posiciones, en su orientación intuitiva, permitiéndose interrumpir, en algunos casos, la visualización de la película que ellos mismos proyectaban mentalmente.

Supongo que algunos lectores podrían reprocharme la ausencia de determinadas combinaciones que, a su parecer, son superiores a muchas de las incluidas, así como el orden en que aparecen aquí algunas de ellas. No me defenderé recordándoles que el océano de información que actualmente disponemos en ajedrez amenaza con convertirse en un tsunami devastador y que, por ejemplo, sólo las maravillas que cada uno de los grandes jugadores antes citados produjo ante el tablero ocuparían varios volúmenes extensos. Así pues, bienvenidos sean de antemano esos reproches o críticas, porque eso significará que quien los plantea ha leído detenidamente el libro.

Aunque, como se ha dicho, el libro es una antología de secuencias combinativas, el lector puede convertir estas 512 posiciones en otros tantos ejercicios mediante el viejo procedimiento de tapar con una cartulina el texto que sigue al diagrama.

Espero, en cualquier caso, que esta selección y la forma en que se ofrece sea del agrado general y fuente de placer ajedrecístico, sin descartar que, aun sin tener un propósito didáctico, pueda contribuir a desarrollar las aptitudes tácticas del jugador.

 

 

1 comentario

  1. Helenbom 16:56, septiembre 24, 2019

    Hola.

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