literatura, septiembre 23, 2011

LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ

En la novela del título, de Carlos Fuentes (Alfaguara, 1999), hay algunas referencias al ajedrez:

Pg. 54.

Don Felipe jugaba ajedrez en el patio de la casa de campo con un inglés de sucios guantes blancos y la pregunta de la nieta le hizo perder un alfil y sufrir un enroque. No dijo más el viejo alemán. El inglés, en cambio, perseveró:
–¿Otra revolución? ¿Para qué? Ya todos están muertos.
–Pues desee usted, sir Richard, que tampoco haya más guerras, porque entonces si va a haber más muertos –don Felipe quiso desviar la atención de Laura al inglés de los guantes y a éste distraerlo del juego mismo.
–Y además, usted alemán y yo británico, para qué le cuento… ¡Hermanos enemigos!
Con lo cual don Felipe, protestando que él ya no era alemán, sino mexicano, se dejó sitiar el rey, el inglés exclamó check mate, pero sólo cuatro años más tarde dejaron de hablarse don Felipe y don Ricardo y desprovistos de sus respectivos compañeros de ajedrez, se murieron de aburrimiento y de tristeza; sonaron los cañones de la batalla del Ypres, las trincheras fueron la carnicería de jóvenes ingleses y alemanes y sólo entonces el abuelo Felipe les reveló algo a sus hijas y a su nieta.
–Qué cosa. Usaba esos guantes blancos porque él mismo se rebanó las yemas de los dedos para purgar su culpa. En la India, los ingleses le cortaban las yemas a los tejedores de algodón para evitar la competencia con las fábricas de hilados de Manchester. No hay gente más cruel que los ingleses.

El dúo de amigos/rivales de ajedrez, con patrias que entran en guerra, me recuerda a la bonita novela de Erich Maria Remarque, ‘El cielo nada sabe de protegidos’.
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