literatura, agosto 18, 2013

PASIÓN Y GLORIA DE BILLIE HOLIDAY

«…en el pozo profundo donde nadan
los peces negros que nunca ven la luz.»
MANUEL VICENT

El estímulo como senda infalible hacia el abismo.
Quizá Benny Carter, quizá otros, qué importa…
La tragedia del estímulo en forma de droga es que derriba la conciencia, que quita penas momentáneamente al cuerpo, pero acrecienta el dolor del alma.
Los hombres de Billie…
Hombres, qué palabra. Ya es difícil definirla en singular.

Los hombres de Billie: basura, escoria, almas de cloaca. En términos menos melodramáticos pero más realistas: proxenetas, chulos, explotadores de tres al cuarto, dominando a todo un puñado de músicos buenos y tristes, de alcohólicos, organizándoles infernales giras interminables de mala muerte.
Pero la prostitución de una adolescente (y Billie se había prostituido muy joven) puede establecer fijaciones sexuales en modelos de esa época: los hombres autoritarios y dominadores. La falsa arrogancia de los macarras que había conocido dejaron en ella la huella indeleble de la seducción…
De Louis McKay, su último y adorado marido, ha quedado grabada una conversación telefónica con un amigo:
«‘Esta va por ahí regalando el coño… ¿Por quién me ha tomado? ¡Yo soy un hombre de negocios!»
¿Por qué una artista genial y triunfadora se entregaba con tanta facilidad?
«Es que les gusto… Y yo quiero tanto a quienes me quieren…», dijo Billie.
O tal vez no lo dijo y sea pura licencia poética.
Pero podría haberlo dicho.
Podría haber dicho: «Los quiero. Los amo. Mis penas terminan en sus brazos.»
 
Some day he’ll come along
The man I love
And he’ll be big and strong
The man I love
And when he comes my way…
 
Una mujer cuya voz se elevaba, poco a poco, con una dulzura no empalagosa, sino tierna y, a la vez, acogedora y un poco triste, con un registro melódico que parece proceder del paraíso:
 
All of me
Why not take
Alll of me
Can’t you see
I’m not good
Without you
Take my lips
I want to lose them
Take my arms
I never use them
(…)
You took the part
That once was my heart
So why not
Take all of me?
 
En ese pozo profundo cayó Billie.
Asustaba hasta a quienes la deseaban cuando, en los últimos años de su vida, se paseaba desnuda por los camerinos.
¿Quién ha dicho que era Billie?
No era ella, sino un fantasma patético y procaz, que trataba de engañar a la muerte con un simulacro de vida.
¿Dónde está Billie?
No está en el cielo.
No está en el infierno.
No está viva.
No está muerta.
Está en la memoria de todos nosotros.
Está en la música, inmediatamente después de la entrada de Lester Young en I’ll get by, en Solitude, en las infinitas versiones de All of me, que cantó de joven y de mayor, en tugurios y en salas elegantes, en la radio y en estudios de grabación: sobria o borracha o drogada, o todo a la vez.
«Te adueñaste de lo que una vez fue mi corazón… Así que ¿por qué no te adueñas de todo mi ser?»
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1 comentario

  1. Anónimo 22:23, abril 19, 2020

    MARAVILLOSO …