otros temas, mayo 26, 2015

PIEZAS Y TABLEROS ANTIGUOS

Los tableros

En la Europa medieval el tablero era normalmente más grande y más pesado que en la época actual. Solía ser de madera o metal y en ningún texto se mencionan tableros de materiales suaves, como el cuero o similares. Esto explica, por ejemplo, la cantidad de episodios en romances medievales, en los que el tablero se utilizaba como arma ofensiva o escudo.

En general, tenía los bordes elevados, que según el predicador Cessolis, simbolizaban las murallas de la ciudad. O también una especie de pies en los rincones, con abundantes elementos decorativos o de marquetería. Cuando no se utilizaba, el tablero solía estar colgado de una anilla en un muro.

Muy pocos tableros medievales han resistido la prueba del tiempo, pero los pocos que conocemos (no anteriores a los siglos XIV-XVI), junto con miniaturas y grabados, dan fe de ser objetos artesanales de considerable belleza, muchos de ellos incluso de gran riqueza material. Algunos de estos tableros eran exclusivamente de ajedrez, pero la mayoría estaban concebidos para practicar igualmente las tablas o merels. Más tarde, incluso de damas. Bien por el reverso del tablero, bien porque éste se desplegase en dos mitades o dos superficies.

En el Museo Nacional de Munich se encuentra uno de los tableros más hermosos que se conoce, construido en metal, con incrustaciones de marfil y madreperla, obra del artesano Hans Sebald Beham, datado por los expertos entre 1520 y 1540. Otro, elaborado en cristal de roca, se halla en el Museo Cluny de París, del siglo XIV (o principios del XV), de artesanía alemana, y existen otros valiosos en museos ingleses y en Florencia.

El tablero de ajedrez se ha usado también con fines protocolarios, como, por ejemplo, en un banquete dado por el Cardenal Wolsey (figura eminente de la política inglesa en su tiempo), al embajador francés en Hampton Court (en 1528), en el que, según Stowe (Chronicle, 1631), el plato principal era una carne dispuesta en forma de tablero de ajedrez, porque se suponía que eso era un delicado cumplido a la nación gala, «muy experta en ese juego».

Las piezas

Se conservan muchas más piezas medievales que tableros, pero hay pocos juegos completos. Murray divide a las piezas que se conocen en dos tipos: piezas con reyes tallados, damas, caballos, etc., reales, y piezas simbólicas que representan a las distintas de piezas de forma convencional. En cuanto al material empleado en su construcción, la mayoría son de marfil (muy destacado en romances e historias de incidentes ajedrecísticos en el medievo), hueso, marfil de morsa, jaspe, ámbar, ébano y otras maderas nobles.

Las piezas de Carlomagno

Las piezas más importantes del tipo de piezas talladas son las llamadas ‘piezas de Carlomagno’ y las piezas de Lewis.

Las piezas de Carlomagno se encuentran en la Biblioteca Nacional de París. Son un total de 17, una de las cuales, el rajá indio a lomos de un elefante, con inscripción árabe en la base, no guarda conexión con las demás. Se trata de dos reyes, dos damas, tres carros (torres), cuatro jinetes (caballos), cuatro elefantes (alfiles) y un soldado de infantería (peón). Los reyes y las damas están sentados, dentro de un pabellón semicircular. Las cortinas que rodean al pabellón están sostenidas por pajes (en el caso del rey) y por doncellas (en el caso de la dama). La característica más notable del resto de las piezas es el hecho de que las torres están representadas por carros.

Antes de la Revolución francesa, estas piezas se encontraban en la Abadía de San Denis, París. Jacques Doublet cuenta la tradición popular de que fueron obsequio del propio Carlomagno a la Abadía. Sin embargo, los expertos actuales opinan que las piezas no pueden ser anteriores al siglo XII y son obra artesanal francesa, lo que excluiría otra leyenda, a saber, la que afirma que las mismas habrían sido un obsequio del califa Harún al-Rashid al emperador Carlomagno.

Las piezas de Lewis

Estas piezas fueron descubiertas en 1831, en un banco arenoso de la Bahía de Uig, en la costa occidental de la Isla de Lewis (Hébridas exteriores). Parece que fueron halladas en un cofre que se había encajado en una roca, a unos cuatro metros debajo del banco. Fueron exhibidas, por primera vez, en un congreso de la Sociedad de anticuarios, el 11 de abril de 1831.

Tras una serie de peripecias y transacciones, privadas y públicas, las piezas de Lewis (78 en total) se encuentran hoy en dos lugares: el Museo Británico (67) y el Museo Nacional de Edimburgo (11). Todas las piezas están talladas en marfil de morsa y en la parte posterior tienen grabadas una especie de runas escandinavas. El desglose de las mismas es como sigue: 8 reyes, 8 damas, 16 alfiles, 15 caballos, 12 torres y 19 peones.

Reyes y damas aparecen sentados, esgrimiendo los reyes una espada en sus rodillas. Las damas apoyan su cabeza en la mano derecha. Los ‘caballeros’ están montados a caballo, con una lanza en la mano derecha y un escudo en la izquierda. Las torres son guerreros armados a pie, con casco, escudo y espada. Los peones son de varias formas y tipos, la mayoría sobre una base octogonal. El tallado de las torres como guerreros apunta a un origen artesanal islandés, como se propuso demostrar Sir Frederic Madden, al afirmar que eran islandesas y del siglo XII. Otras autoridades coinciden en datarlas en dicho siglo, pero difieren en cuanto a su origen: O. M. Dalton cree que la talla podría ser británica, y Wilson afirmaba que su origen era escocés.

Las piezas de Àger y Osnabrück

Según Murray, «el tipo más antiguo de piezas convencionales talladas en Europa parece ser uno en el que reyes y damas están representados por figuras formadas como un trono. El ‘Aufin’ y el caballo, con figuras cilíndricas. El primero, con dos jorobas proyectadas (posiblemente para representar los colmillos del elefante), el caballo con una giba para representar su cabeza. La torre es un bloque estrecho rectangular, con una gran depresión en la parte superior, y el peón es una pieza pequeña. Han sobrevivido dos juegos incompletos de este tipo, ambos tallados en cristal de roca: uno en la iglesia parroquial de Àger (un pueblo cerca de Urgel, en Cataluña), y otro en Dorn, Osnabrück.»

Las piezas de Àger son quince, tras haber desaparecido 29 de la iglesia en 1547. Según la tradición, las piezas fueron obsequio de uno de los condes de Urgel, casa relacionada con donaciones similares. Diez de las piezas fueron montadas sobre bases de cristal rojo. Las otras cinco son planas y algo más pequeñas.

Las piezas de Osnabrück son también quince, pero once han desaparecido, desde que fueron vistas por el Sr. Joly, en su visita de 1646. Se parecen mucho a las piezas de Àger, siendo la mayor sólo de 5 cm de altura, sobre una base cuyo diámetro es de 3 cm. Los dos bandos parecen diferenciarse por el tipo de decoración, y también en este caso hay evidencias de que fueron montadas sobre una base de cristal rojo. La tradición popular atribuye estas piezas también a Carlomagno, pero los historiadores lo descartan.

Las piezas del Museo Cluny

Hay otros juegos interesantes en cuanto a la evolución del diseño de piezas. Dos de estos juegos, por ejemplo, se encuentran en el Museo Cluny de París.

El más importante está formado por 31 piezas, las de un bando de cristal claro, y las del otro de cristal oscuro, todas ellas montadas sobre una base de oro. Durante mucho tiempo fue posesión de la Casa Real francesa, y sólo fue donado al museo cuando se perdió una de las damas, durante el reinado de Luis XVIII. En este juego, reyes y damas empiezan a parecerse a la forma moderna de dichas piezas, mientras que las torres conservan su forma medieval. Éstas son las llamadas piezas de San Luis. Se cree que su origen es del siglo XIV-principios del XV, y de artesanía alemana.

Hay otro juego en el que la apariencia bicéfala de la torre es más acusada. Los eruditos consideran a este juego algo posterior a las piezas de San Luis. Este juego tiene cierto interés, en el sentido de que la forma de las piezas se simplifica para que pudiesen ser fácilmente torneadas. Este juego, de colores blanco y negro, está completo. El catálogo lo describe como «antiguo, de posible origen septentrional.» Las piezas mayores se distinguen en parte por su altura y, en parte, por las diferencis en la forma de la cabeza.

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