ajedrez, enero 16, 2012

¿QUÉ FUE DE ROBERT JAMES?

¿QUÉ FUE DE ROBERT JAMES?Muchos años atrás, la Rue Saint-Jacques, en pleno Barrio Latino de París, estaba plagada de librerías esotéricas y de culto, como, por ejemplo, Shakespeare and Co., cuya propietaria, Sylvia Beach había editado, entre otras, una de las obras capitales de la literatura en el siglo XX: Ulises, de James Joyce.
Muy cerca del Sena, tenía en esa calle su guarida Julien Guisle, un conocido problemista que firmaba con seudónimo (Julian Quike). La librería, que también era su vivienda, era un auténtico cuchitril, pero albergaba incontables tesoros ajedrecísticos. Todo lo que allí se vendía era de segunda mano. Había libros de todo tipo y condición, lo mismo que colecciones de revistas en todos los idiomas (rusas, inglesas, alemanas, yugoslavas, argentinas…), envueltas, por años, en un papel rústico y atadas con cordel.
Imaginé que un Bobby Fischer cuarentón visitaba aquel antro mágico (tal vez lo había hecho) y rebuscaba con avidez por entre aquellas revistas y boletines de la estantería superior. Guisle, un hombre flaco, solitario y melancólico, sólo salía de la trastienda cuando era requerido. Dejaba entonces su eterna taza de té, apartaba la vieja cortina que separaba las dos dependencias y atendía al cliente. Ni siquiera envolvía la compra. No tenía con qué hacerlo. Cobraba y la transacción quedaba rematada. Fischer se iba con su botín y en el momento de abrir la puerta para salir, escuchaba la voz de Guisle, que, cargada de reproche, le decía: «¿Por qué nos ha dejado usted?»
Otra de mis visiones (para un improbable guión de cine) se fijaría también en el tiempo enigmático y pantanoso de los años ochenta. Haciendo honor a su apellido, Fischer se ganaba la vida pescando a tanza en un remoto lugar de la India. Al atardecer regresaba al pueblo, en un viejo bote de remos, y vendía su pesca al dueño de un bar para turistas.
Las cosas no eran así. Nadie sabía muy bien cómo eran.
Después de haber conquistado el título mundial, aparecían esporádicamente en la prensa noticias de misteriosos encuentros: con Campomanes, nuevo presidente de la FIDE, con Matsumoto, presidente de la Federación Japonesa, con Korchnoi, con Gligoric, incluso con el propio Karpov. Puede que todos esos encuentros hayan tenido lugar. O puede que no. Pero Fischer seguía siendo el hombre invisible. Se habla, por fin, de un encuentro en Washington, en 1977, entre Fischer, Karpov y Campomanes. Los tres van a firmar un contrato, con el que están de acuerdo en todos los puntos, incluida la bolsa de premios (¡dos millones de dólares!). Hasta que se produjo un desacuerdo en el nombre del match. Fischer quería que se llamase Campeonato del Mundo Profesional, y Karpov, no. No hubo firma. Fischer se sintió engañado y no quiso volver a saber nada de Karpov, aunque éste siguió intentando promover un match en 1978 y 1979.
También se habló de eventuales matches con Korchnoi, con Gligoric, con Timman… Ninguno de ellos llegó a producirse.
Fischer entregaba el diez por ciento de sus ingresos a la Iglesia Mundial de Dios, una suma considerable después de Reykjavik. El líder de la secta no dejó escapar la oportunidad y le hizo a Fischer una revelación confidencial: Cristo volvería al mundo en 1975. Dicho esto, lo invitó a instalarse en Pasadena, cerca de Los Angeles. Bobby aceptó, porque la secta le garantizaba, además, privilegios para huéspedes famosos. Pero hacia 1974 la relación entre Fischer y la secta se había enfriado. Parece que sus guías religiosos le habían pedido un incremento del 10% al 20% de sus ingresos. Aunque Fischer se sintió escandalizado, siguió satisfaciendo las exigencias de la secta, entregándoles incluso la casa que había comprado en Pasadena.
En 1976, sin embargo, el matrimonio espiritual se rompió de forma definitiva. Los filones de ingenuidad que recorrían el espíritu del campeón se ponen de manifiesto en esta declaración a la prensa: «Los líderes de la secta son unos hipócritas. Acepté entregarles un diez por ciento más. Pero cuando anunciaron la segunda venida de Cristo y me decepcionaron, ¡ni siquiera se molestaron en excusarse! Después de Reykjavik les he entregado una quinta parte de mis ingresos. Esto me ha costado ya 94.000 dólares (…) Así que, naturalmente, dejé la secta…»
Tenía otros problemas. Afrontó procesos legales, a veces promovidos por él y otra vez siendo el demandado. Esto le obligaba a viajar con frecuencia a Nueva York. De pronto, comenzó a vérsele desaliñado. Había dejado crecer la barba y el bigote, e incluso los teñía para pasar desapercibido. Era éste un proceso más complejo de transformación personal y social. O más que transformación, habría que decir, tal vez, de desintegración. Resulta curioso constatar que, lo mismo que en el caso de Paul Morphy, las sentencias adversas de los tribunales produjeron un efecto muy pernicioso sobre el maltrecho espíritu de Fischer.
En los ochenta comenzó a tener dificultades económicas: con los pleitos y las aportaciones religiosas su dinero se había evaporado. Declaró que vivía de los derechos de autor de su libro Mis 60 partidas memorables y de una pequeña pensión que le pasaba la mujer de un hombre de negocios. Y sin embargo seguía rechazando todas las ofertas de publicidad y los mil proyectos que se le proponían. Dos magnates mejicanos del petróleo le ofrecieron medio millón de dólares por entrevistarse con él. En vano.
Tenía un estilo de vida estrafalario: dormía de día, se levantaba de noche y paseaba de madrugada para que nadie pudiera reconocerlo… En mayo de 1981, y durante uno de esos paseos, fue detenido por la policía como sospechoso de haber atracado un banco. Como no llevaba encima ningún documento de identidad válido, fue encerrado durante dos días en una celda. Su testimonio es brutal: «Me hicieron pasar hambre y no me dieron nada de beber. Me desnudaron por completo. En ese estado me arrojaron a una fría celda, en la que había una corriente de aire y no tenía nada con que cubrirme. Para evitar congelarme, rompí un colchón de plástico y me metí dentro. Entonces, abrieron otro caso contra mí: ¡Daños a las propiedades de la prisión! Sencillamente, no podía creer que aquí, en los civilizados Estados Unidos, los ciudadanos americanos pudiesen tratar de esa forma a otros ciudadanos americanos. Y todo esto sucedió sin que mediase un juez, sin acusación alguna contra mí. Mi único crimen era que no tenía nada que decirles a estos gángsters, ¡¡¡la policía de Pasadena!!! Es increíble, pero cierto… No podía quedarme callado. Así que escribí un libro, How I was tortured in the Pasadena Jailhouse (Cómo fui torturado en la cárcel de Pasadena).»

Del libro BOBBY FISCHER, por A. Gude, Ed. La Casa del Ajedrez, 2011, pp. 40-42.
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9 comentarios

  1. Unknown 20:47, julio 20, 2013

    Una de las caracteristicas mas penosas de la sociedad que nos ha tocado vivir es que no sabemos cuidar nuestros idolos, nuestros iconos. En Argentina no hay ni un proyecto estatal o privado para atender al cuidado de Maradona, hoy sumido en lios juridicos, luchando contra adicciones, sin familia estable y con ciertos periodistas que aprovechan todo eso para vivir de Maradona. Esa es la parte de la sociedad que debemos cambiar, que debemos mejorar.

  2. Anonymous 18:02, febrero 15, 2012

    Parece ser que hay múltiples razones por las que Fischer no quería jugar. Pero yo diría que a quien tenía más fobias era a los periodistas. Las revelaciones de aspectos delicados de su personalidad, cuando viajó a Argentina, en 1971, fueron devastadoras para él. Y todo indica que decidió esconderse del resto del mundo, después de que en 1974 se hiciesen públicos los detalles.

    La verdad es que su biografía me parece apasionante. Esa mezcla de un alto nivel de juego, con una peculiar personalidad. ¿Volveremos a ver otro fenómeno comparable en el mundo del ajedrez?. Es una pena, pero parece que no. Carlsen es poca cosa mediaticamente en comparación. Menos mal que todavía sigue jugando Korchnoi, que al menos por su elevada edad, y su apasionamiento, llama un poco la atención de los medios de comunicación.

    Antonio Miguel.

  3. Anonymous 06:04, enero 20, 2012

    Fischer era un genio y nadie tenia dudas de qque era el mejor, pero practicamente despues de que desaparecio de la escena publica adquirio el grado de leyenda. Lamentablemente nos dejo hace poco mas de 4 años
    Pd. se escribe mexicanos

  4. Paul Morphy Chess 05:00, enero 17, 2012

    Un genio, sin duda alguna, que como bien comenta Jorgewic, tardará mucho en volver a repetirse; las computadoras han aumentado el nivel del ajedrez, pero para mi gusto se ha vuelto totalmente pragmático y frío.

    Enhorabuena por esta colección Antonio (Fischer y Tal), son dos libros fantásticos, que si no recuerdo mal ambos fueron finalistas en la última edición de los premios Chessy.

  5. Anonymous 00:09, enero 17, 2012

    17 de Enero, 4 años desde que nos dejó Bobby Fischer, hasta siempre Maestro.

  6. Antonio Gude 18:51, enero 16, 2012

    Jorgewic. Buena reflexión, que suscribo al 100%: no se puede decir mejor.

  7. Jorgewic 16:59, enero 16, 2012

    La biografía del bueno de Bobby nos demuestra que no sólo en España nos gusta «crucificar» a los genios…, que la envidia es un gérmen mucho más extendido de lo que parece. Si bien es indudable que a nuestro amigo se le fué la pinza -como se suele decir ahora- más de una vez, no es menos cierto que sus chorradas eran perfectamente asumibles y tolerables para cualquiera que fuera consciente de su talento. Los genios son así, y la historia está ahí para demostrarlo. Los que no supieron estar a la altura de las circunstancias, es indudable para quien esto suscribe, fueron muchos de sus contemporáneos, que se dejaron llevar por lo fácil, hacer leña del árbol caído. ¡Y qué árbol! Como diría un Marco Antonio contemporáneo ante el cadáver de este Julio César con corbata, «¿cuándo volveremos a tener otro como él?». Pues éso…

  8. Antonio Gude 15:04, enero 16, 2012

    Jairo. Sí, lo esencial está resumido en ese testimonio de Fischer. Un episodio lamentable, porque dada la vulnerabilidad psicológica de F., ser maltratado así, primero por la secta religiosa, luego por la policía, tiene que haber supuesto una pérdida total de su fe en las «instituciones», ya de por sí frágil por lo que él veía como injusticias «cósmicas» (el desenlace el match con Reshevsky, los pleitos perdidos…), de modo que la quiebra total del ser humano llamado Robert James Fischer no era difícil de prever.

  9. Anonymous 14:51, enero 16, 2012

    En un documento que el propio Fischer remitió al diario «El País»,1992, aparecen narradas todas la peripecias que tuvo que enfrentar durante 48 horas ante «Los gorilas» de Pasadena.
    Jairo