literatura, agosto 7, 2013

UN MORALISTA TIERNO Y AMARGO

Todos los integrantes de la Asociación de Tangueros Incurables (ATI), por supuesto imaginaria, veneramos al poeta Enrique Santos Discépolo, Discepolín para los amigos, autor de tangos insignes, como ‘Yira, Yira’ o ‘Cafetín de Buenos Aires’.
 
«El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey
el que vive de las minas
el que mata o está fuera de la ley»
 
Un periodista hispano, a propósito de otros tangueros, recordó al autor de ‘Cafetín de Buenos Aires’, citando parte de su letra:
 
«…sobre tus mesas que nunca se alcanzan
yo aprendí filosofía, dardos (sic), timba
y la poesía cruel de no pensar más en mí.»
 
De esta forma, convertía al café porteño en un pub anglosajón. La letra, obviamente, dice «dados» (no dardos), mucho más canalla y preciso. Tal vez el periodista no sea el responsable de la pifia, y sí los duendes de la imprenta, pero no tenemos a quién atribuírsela.
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