Todos los integrantes de la Asociación de Tangueros Incurables (ATI), por supuesto imaginaria, veneramos al poeta Enrique Santos Discépolo, Discepolín para los amigos, autor de tangos insignes, como ‘Yira, Yira’ o ‘Cafetín de Buenos Aires’.
«El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey
el que vive de las minas
el que mata o está fuera de la ley»
Un periodista hispano, a propósito de otros tangueros, recordó al autor de ‘Cafetín de Buenos Aires’, citando parte de su letra:
«…sobre tus mesas que nunca se alcanzan
yo aprendí filosofía, dardos (sic), timba
y la poesía cruel de no pensar más en mí.»
De esta forma, convertía al café porteño en un pub anglosajón. La letra, obviamente, dice «dados» (no dardos), mucho más canalla y preciso. Tal vez el periodista no sea el responsable de la pifia, y sí los duendes de la imprenta, pero no tenemos a quién atribuírsela.
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