ajedrez, diciembre 4, 2016

William Styron en tinieblas

William Styron en tinieblas - Antonio Gude

Hoy me he acordado de William Styron.

No sé por qué, no me pregunten.

No era aniversario de su vida o de su muerte, ni había nada que conmemorar.

Pero recordé al autor de ‘Las confesiones de Nat Turner’, la historia de un rebelión de esclavos en la Virginia del siglo XIX. Nat Turner, un Espartaco moderno, era el líder de aquella revuelta y nos la contaba en primera persona. El libro desató apasionadas polémicas por la eterna cuestión racial, pero fue un gran éxito.

Lo leí en una época de cierta opresión personal, en Melilla y en los tiempos en que el servicio militar era obligatorio y duraba quince meses, lo que quizá contribuyó a tener más despiertos los sentidos.

‘Las confesiones…’ ganó el Premio Pulitzer en 1968 y fue el primer paso importante de Styron hacia la gloria.

Antes había escrito ‘Tendidos en la oscuridad’ y luego ‘La decisión de Sophie’, que tuvo un importante éxito y fue llevada al cine, con Meryl Streep nada menos en el papel principal. Además, las instituciones académicas la encumbraron con la concesión del National Book Award en 1980.

La novela posterior, ‘Una casa en llamas’, sobre el tiempo que vivió en Italia fue, en cambio, duramente atacada por la crítica y sólo tuvo una discreta acogida por parte del público lector.

Escasas obras y menores sucedieron a esos éxitos.

Pasó entonces algo terrible, que llenaría de tinieblas los últimos veinte años de la vida del escritor: cayó en una profundísima depresión, que le impedía escribir y vivir.

Su mujer buscó a los mejores psiquiatras de EEUU, hasta llegar al supuestamente mejor de todos, que ella llamaría Dr. Gold (Dr. Oro), quien los arruinaría con sus costosas minutas, pero que no lograría absolutamente ningún éxito con su tratamiento.

Con apenas otros recursos económicos que los derechos de autor, cada vez más escasos, Styron se fue diluyendo en el anonimato y la tristeza.

Llegó entonces una buena noticia, una noticia salvadora: una institución francesa le había concedido un premio, dotado con 100.000 dólares en efectivo que, para el momento, suponía una cifra considerable y que podría aliviar sus penurias al matrimonio.

Pero Styron se negaba a viajar a París.

No podía asimilar un viaje en avión, las relaciones públicas, etc.

Los organizadores, en un esfuerzo por convencerlo, le explicaron a la Sra. Styron que su marido sólo debía estar presente en una cena en la que se le entregaría el premio. Ni siquiera se le pedía que pronunciase discurso alguno.

La Sra. Styron tuvo que trabajar duro para convencer a William.

Una vez en París, en el hotel y en la cena le fue entregado el ansiado cheque.

Y los Styron regresaron a Martha’s Vineyard, donde tenían su domicilio.

Pero sin el cheque, que al escritor se le había caído, sin que se apercibiese de ello.

Naturalmente, los franceses se lo hicieron llegar.

Pero lo importante es comprender hasta qué punto una depresión puede acabar con una persona. Incluso si esa persona es un famoso escritor, uno de los más brillantes en la segunda mitad del siglo pasado. Alguien de quien puede suponerse que ejerce un estricto control sobre su mente y sobre sus actos. Quimera.

1 comentario

  1. FABIO CASTILLO 02:11, diciembre 05, 2016

    EL AJEDREZ PUEDE SER INDICADO COMO PARTE DEL TRATAMIENTO …