literatura, noviembre 10, 2014

DEUDA SALDADA (Bielefeldt)

Esta segunda novela de Germán Bielefeldt viene a ser una especie de continuación de la primera, Jaque a la razón, donde la acción sucedía en el Chile de los trágicos acontecimientos de septiembre 1973, y por la que desfilaba buen número de personajes/ajedrecistas.
Deuda saldada se sitúa en noviembre de 1988, un mes después de que las elecciones generales propiciasen el retorno de la democracia (o un esperanzado atisbo de la misma).
El autor recupera, quince años más tarde, a algunos personajes (los más importantes) de Jaque a la razón e introduce uno nuevo, una periodista argentina.
El caso es que un grupo de exiliados regresa, muchos de ellos eufóricos, al nuevo Chile,  entre los que se encuentra un ex campeón de ajedrez, con pasaporte suizo, Martin Keller, que acompaña a los dos representantes helvéticos al Mundial Juvenil que se celebrará en el austral país americano.
Por cierto, también se apellida Keller, también chileno, el aspirante a campeón del mundo que aparece en el libro de Arturo Pérez-Reverte, El tango de la guardia vieja.
Algunas breves acotaciones, para explicar vínculos y sucesos anteriores, sugieren que el autor no pensaba escribir una nueva novela con los mismos personajes.
Keller, que es el protagonista, va a reencontrarse con su pasado imperfecto y con personajes y fantasmas que han habitado su existencia, lugares, circunstancias y hechos que han dejado huella en él.
Planea sobre las inquietudes de la ficción un episodio de años atrás, en el que un grupo terrorista atracó un furgón con depósitos bancarios, haciéndose con un astronómico botín, nunca aparecido. El extraño personaje que comandó esa acción está ahora recluido y es conocido de Keller, que va a visitarlo en prisión. Un encuentro que tendrá importantes consecuencias en su vida.
¿Qué clase de novela es Deuda saldada? ¿Realista, sociológica? ¿Una ficción de serie negra? ¿Un relato ajedrecístico? A mi modo de ver, no encaja en ninguna de esas categorías, aunque tiene elementos de las tres. Prevalece, diría yo, el suspense, una trama urbana característica de la serie negra, pero aquí el ajedrez sigue siendo importante, e incluso hay una historia de amor algo menos seca que las fugaces concesiones de los especialistas en ese tipo de ficciones.
Ajedrez. Como se trata de desvelar un enigma, las claves incorporan varios problemas de ajedrez que (a diferencia de los engendros de Pérez Reverte en La Tabla de Flandes) tienen un desarrollo técnicamente preciso, estético y coherente, en relación con la tarea de abrirle las tripas al enigma.
Revelar algo más sería una torpeza injustificable y una auténtica faena al autor.
Pero hablemos de la lectura. ¿Es atractivo el libro? Yo diría que sí. A mí me gustó: la acción es vivaz, la escritura es más pulida que en Jaque a la razón, diálogos breves y cortantes, situaciones bien descritas, pocas florituras, y cuando hay descripciones creo que más que pasajes descriptivos son referencias emotivas a lugares que el campeón exiliado rememora, transmitiéndonos algo de la emoción que vive. Las relaciones entre personajes son sugestivas y la creación de personajes, su verosimilitud, es una de las tareas más difíciles de todo novelista. Buen estilo.
Yo recomiendo su lectura, porque a mí me divirtió y quedé prendido en la trama para ver cómo Bielefeldt resolvía todos esos tejemanejes, que no son nada fáciles de tratar, cuando uno se enfrenta a la página en blanco, y el texto debe ser creativo.
Se me olvidaba: hay otros dos personajes importantes, aunque no humanos: el Club de Ajedrez Chile, de Santiago, y el de Osorno.
Debo decir, por último, sin la menor animosidad y apenas como crítica constructiva, algo que, de no hacerlo, mi Pepito Grillo interior me reprocharía falta de sinceridad. El libro contiene algunos errores ortográficos que podrían molestar a lectores quisquillosos (yo no lo soy). Aquí hay que felicitar a Bielefeldt por tener la valentía de autoeditarse. Trabajar con editores tiene muchos inconvenientes y algunas (escasas) ventajas. Entre éstas se cuenta, precisamente, el hecho de que disponen de equipos de correctores de estilo, que revisan los textos al menos un par de veces: las primeras pruebas (o galeradas) y las ajustadas. Pero el libro está bien editado, buen papel, buena tipografía y bien encuadernado.
Una sola cita (y eso da fe de madurez literaria, pues los autores inexpertos multiplican las citas en un intento por «enriquecer» cualitativamente su texto con la autoridad de los citados) preside la novela, con muy buen gusto. Dice don Francisco de Quevedo: «No es sabio el que sabe dónde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca.»
De paso saldo yo, con esta breve reseña, mi deuda hacia el autor, al comprometerme (sin que él me lo pidiera, naturalmente) a leer la novela este fin de semana. Cosa que he hecho, y de la que doy cuenta aquí.
Felicitaciones, Germán Bielefeldt.
DEUDA SALDADA
Germán Bielefeldt Van Oosterwijk
244 páginas
14 x 20,5 cm
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2008  
    

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