EL ZARPAZO DEL OSO
Efim Bogoljubov, nacido cerca de Kiev (Ucrania), sería, en realidad, el primer exiliado voluntario, y obtendría el título de maestro al vencer en un encuentro a Salwe, en 1913.
Al año siguiente se encontraba disputando el torneo internacional de Mannheim, cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Bogoljubov y los demás participantes rusos fueron internados en un campo en Triberg, donde permanecieron confinados durante la contienda. Pero los reclusos se las arreglaron para sobrevivir, sin desaprovechar la oportunidad que se les brindaba de jugar al ajedrez, con una cuota casi ilimitada de tiempo.
Al finalizar la guerra, el maestro ucraniano se casa y se instala en Alemania, país que le concede su nacionalidad en 1927. Entretanto, ha tenido ocasión de ganar el Campeonato de la URSS dos años consecutivos, en 1924 y 1925. A estos títulos nacionales, sumaría los de Alemania, en 1925, 1931, 1933 y 1949.
Se le ha acusado de arrogante, de practicar el humor del patoso y de ser un maestro en el don de la inoportunidad. Es famosa la anécdota de una partida que le ganó a Tarrasch, durante la cual éste se sintió mal, falleciendo, en realidad, pocos días más tarde. Ni corto ni perezoso, Bogoljubov, al comentar su victoria, la tituló: “La partida que mató al Dr. Tarrasch”.
Bogoljubov era uno de los grandes nombres de la época. Tanto es así que llegó a disputar dos matches por el campeonato mundial con Alekhine, en los que, si bien perdería (en 1929 por 11-5 y 9 tablas; en 1934 por 8-3 y 15 tablas), hay que decir en su descargo que Alekhine era por entonces prácticamente invencible: la época de sus mayores triunfos históricos.
Ganaría numerosos torneos, como Berlín y Estocolmo (1919), Kiev (1921), Bad Pistyan (1922), Carlsbad (1923), Berlín (1926), Bad Homburg (1927), Bad Kissingen (1928), Bad Nauheim (1935), Stuttgart (1939), Berlín (1940), Cracovia (1940), etc., además de infinidad de segundos y terceros puestos en otras competiciones importantes.
Pero, indudablemente, además de su triunfo en los campeonatos de la URSS citados, su mayor éxito fue haber ganado el primer torneo internacional de Moscú (1925), superando en punto y medio a Lasker, y en dos puntos a Capablanca.
Su estilo era impetuoso, capaz de desplegar brillantes ataques, amparados en su fértil imaginación, lo que ha dado pie para alguna que otra boutade a ingeniosos comentaristas, como Hans Kmoch, que lo definía así: “Bogoljubov es como un oso que, para espantar a una molesta mosca, mata de un zarpazo a la mosca y al domador”. Este sarcasmo parece tan inapropiado como las gruesas bromas del propio Bogoljubov, porque su ajedrez era de primera magnitud: capaz de sutilezas y secuencias de juego al más alto nivel. Tartakower dijo que “Bogoljubov sobresalía en fantasía ajedrecística”, lo que no es poco, cuando la mayoría de los jugadores sobresale precisamente por su nula fantasía. Pero si ha de servir de algo, pueden añadirse los muy elogiosos comentarios de Alekhine, tras su encuentro de 1929, en el que, según él, había tenido que sortear múltiples dificultades para eludir las peligrosas trampas que le había planteado el peligroso juego ultradinámico de su rival.
Desaparición y exilio de los campeones soviéticos
A. Gude
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