Ajedrez, noviembre 6, 2019

MIJAIL TAL, TERRORISTA Y MAGO

 

 

 

 

 

 

 

Riga, 9.11.1936 – Moscú, 28.6.1992

 La irresistible atracción del abismo

PUSHKIN

 

Una biografía no tiene por qué empezar por el principio, y menos si sólo se trata de un artículo biográfico. No nos interesa si el niño Tal jugaba a las canicas o con caballitos de madera, aunque sí debemos rescatar lo que de él decía Viktor Vasiliev, uno de sus biógrafos: “Lo señalaban con el dedo antes de que hubiera empezado a caminar. Se volvían para mirarlo cuando empezó a caminar.”

Se nos dice que a los cinco o seis años podía recitar de memoria largos poemas o realizar multiplicaciones con factores de dos y tres cifras. ¿Sería cierto? No podemos saberlo. Las hazañas de los prodigios se agrandan con el tiempo y la distancia. Los hechos no nos bastan y sucumbimos a la tentación de convertirlos en épicos. Ese embellecimiento de los hechos da lugar a las leyendas y, como le hace decir John Ford al personaje de una de sus películas, “en el Oeste, cuando la leyenda es superior a la realidad, imprimimos la leyenda”[1]. Hoy día, al este o al norte, las cosas no han cambiado apenas: seguimos institucionalizando lo mítico, lo que nos llena de admiración. En eso radica la mitomanía.

 

 

UN GENIO ENTRA EN ESCENA

Mijail Tal no fue un niño prodigio del ajedrez. Sus primeras actuaciones, aunque buenas, no hacían presagiar la aparición de un genio. Segundo en el Campeonato de Letonia de 1954 y 1955, por entonces gana un match a Saigin, que le reporta el título de Maestro de la URSS. Y en 1955 gana también la semifinal de Riga del Campeonato de la URSS, superando a destacados maestros como Bannik, Borisenko, Korchnoi, Furman y Boleslavsky.

Su debut en el campeonato soviético tiene lugar en Leningrado, 1956, donde finaliza quinto/séptimo, a un punto del trío vencedor. Es seleccionado para el Mundial de estudiantes, donde suma 6 puntos en 7 partidas, en el tercer tablero. En una crónica de aquel torneo, Borislav Ivkov advierte, desde el mismo título: ¡Tal! Recuerden este nombre.

Su momento llega en 1957, cuando se proclama campeón de la URSS en Moscú, por delante de Bronstein, Keres y Spassky, ganando, además, un premio de belleza compartido, por su partida con Aronin, que Euwe calificó de “las tablas más brillantes de la historia.” Gana, entre otras,  una magnífica lucha a Alexander Tolush, quien, impresionado por su juego, le dice a su pupilo Spassky: “Sabes, Boria, hoy he perdido con un genio.”

Pocos, sin embargo, se lo toman en serio. Muchos critican su juego antiposicional y excesivamente arriesgado. Otros catalogan su ajedrez directamente de incorrecto, de faroleo. La mayoría coincide en que tuvo suerte. Incluso un maestro del juego combinativo como Romanovsky dice que su visión creativa es restringida. Una excepción es el veterano gran maestro Loevenfish, que le rinde admiración sin reserva: “Es un táctico de excepcional calidad, que calcula combinaciones a la velocidad del rayo. Desde las primeras rondas, Tal conquistó la simpatía del público por su búsqueda del juego agudo y complicado. Estamos presenciando la aparición de un gran talento.”

Por si eso no bastara, en el Mundial de Estudiantes de Reykjavik suma 8,5 puntos en 10 partidas.

A comienzos de 1958 vuelve a ganar el Campeonato de la URSS, en Riga, su ciudad natal, al vencer en la famosa y dramática partida final a Spassky. Supera en medio punto a Petrosian, en uno a Bronstein y en uno y medio a Averbaj. Detrás quedan Polugaievsky, Spassky, Geller, Boleslavsky, Korchnoi… ¿Siguen las carambolas del azar sonriendo al joven maestro?

Y otra vez 8,5 de 10 en el Mundial de Estudiantes de Varna.

Llega entonces el Interzonal de Portoroz, con las grandes estrellas del momento, excepción hecha del vigente campeón mundial, Botvinnik, Keres y Smyslov, ambos directamente clasificados para el Torneo de Candidatos. Y Tal no decepciona, conquistando el primer puesto, con 13,5 de 20 (+8 =11 -1), por delante de Gligoric, Benko, Petrosian, Fischer, Olafsson, Averbaj y Bronstein.

 

Tal – Panno

=COMENTAR=

 

Esta partida con Panno ejemplifica esas situaciones tan frecuentes en las partidas de Tal, que hacían poner los pelos de punta a sus amigos, quienes no se explicaban cómo podía tener atacadas simultáneamente tres o cuatro piezas… “¡Bah, sólo pueden tomarlas de una en una!”, era el displicente comentario del genio.

Para culminar un año de ensueño, debuta en las olimpiadas, logrando en Munich, invicto, el mejor resultado individual del evento, con 13,5 de 15 (+12 =3) y algunas victorias realmente espectaculares.

 

 

DOBLEGAR A LA REALIDAD

¿Qué significó la irrupción de Mijail Tal en el mundo del ajedrez (que no es un mundillo, sino todo un mundo)?

Tal no descubrió el ajedrez de ataque. No hay que remontarse a los jugadores románticos. Hablamos de un ajedrez más sofisticado. Ya en las décadas de los años treinta y cuarenta, los ajedrecistas soviéticos, con Botvinnik a la cabeza, habían investigado en profundidad métodos para agudizar el juego en la apertura y, más concretamente, dotar de agresividad a los esquemas con las piezas negras y también sistematizar formaciones de ataque. Teóricos de primer nivel, como Veniamin Blumenfeld, Vsevolod Rauzer o Veniamin Sozin y, más tarde, Isaak Boleslavsky, descubrieron numerosas variantes que cumplían esos requisitos y daban mayor vivacidad al juego, de paso que arrinconaban la filosofía victimista de asumir un juego pasivo con negras. En la década de los cincuenta, jugadores como Alexander Tolush, Alexander Kotov, David Bronstein y Efim Geller, entre otros, habían exhibido, cada uno a su manera, un juego dinámico y brillante, mientras iban asomando la cabeza estrellas del calibre de Tigran Petrosian, Ratmir Jolmov, Boris Spassky, Viktor Korchnoi, Leonid Stein o Lev Polugaievsky.

Pero Tal era otra cosa.

No se trataba sólo de atacar.

No se trataba sólo de brillanteces o juego dinámico.

Había una pulsión, una voluntad extrema de desencadenar el caos en el tablero, de promover a ultranza un juego especulativo, en el que él, el trapecista sin red, confiaba desenvolverse mejor que nadie.

Así fue.

Así sucedió, pero sus colegas no lo entendieron.

Por el contrario, seguían produciéndose descalificaciones más o menos sutiles. Bronstein: “¿Quiere saber cómo juega Tal? Sitúa todas sus piezas en el centro y después las sacrifica en cualquier parte.” Petrosian: “El ajedrez de Tal es estereotipado.”[2]

En el torneo de Candidatos de 1959 deslumbra. Gana el fortísimo torneo, liga a cuatro vueltas, exhibiendo una gran superioridad, endosando, por ejemplo, un 4-0 a Fischer, que dejará traumatizado al joven genio norteamericano. Averbaj lo resumiría así: “En su carrera Tal alcanzó brillantes cimas, pero el Torneo de Candidatos fue su momento genuino de gloria. ¡Allí su juego fue realmente digno de un genio! Sí, varias veces cayó en dificultades, tal vez incluso en posiciones perdidas, pero en cada ocasión supo salir airoso. Como todo el mundo observó ingeniosamente, sus oponentes tenían la partida ganada, pero por alguna razón desconocida, ¡sólo en el análisis posterior a la partida!”

 

Tal – Smyslov

Candidatos 18.9.1959

 

=COMENTAR=

 

 

 

CAMPEÓN DEL MUNDO

Tal dio no una, sino muchas vueltas de tuerca al ajedrez. En realidad, lo puso patas arriba. Pero sus colegas, ignorando la advertencia de Ivkov,  tardaron más de una década en empezar a asimilarlo.

En la primavera de 1960 se enfrenta al pope Botvinnik, con el título mundial en juego. Los pronósticos le son claramente adversos, pero ¿quién puede poner diques a un torrente desbordante?, …chi può fermar il fiume che corre verso il mare?, como cantaba Domenico Modugno.

 

 

Botvinnik-Tal

sexta partida 1960

 

= COMENTAR =

 

Tal gana el match, tras unas tablas en la 21ª partida. Una victoria muy clara: 12,5-8,5 (6-2 y 13 tablas).

Botvinnik no pudo adaptarse al endiablado juego táctico del aspirante, que encadenaba complicaciones y amenazas, incluidos sacrificios posicionales que al campeón le costaba asimilar: el ajedrez emprendedor y creativo de Tal se impuso con autoridad.

Al finalizar el encuentro un periodista le preguntó qué sentía. Tal dijo: “¡Mi cabeza está llena de sol!” Más plástico, imposible. Emociones, sensaciones, sentimientos: todo eso también forma parte del ajedrez. Botvinnik desahoga su amargura, comentándole a un amigo: “El título mundial de ajedrez está en manos de un charlatán.”

A raíz de su conquista de la corona mundial, el nuevo campeón analizaría extensamente no sólo todas las partidas del match, sino también sus sensaciones y su filosofía del juego en un libro magnífico que hoy es un clásico, una obra maestra[3]. También publicó un delicioso artículo, en el que exponía su credo en clave de humor. En aquel texto decía, por ejemplo, que el público ajedrecista divide a los jugadores en posicionales y combinativos. “Si aceptamos el punto de vista de que existen dos clases de jugadores, combinativos o posicionales, y que no hay un tercer estilo, entonces (…) en un extremo de la escala se encuentran los estrategas, en el otro los tácticos, y todo jugador, después de recibir el bautismo, va al cielo o al infierno. Aclaremos que en el cielo ajedrecista tienen sus plazas reservadas los llamados jugadores posicionales. Y así, alcanzaron el cielo Botvinnik, Smyslov, Petrosian y Gligoric, mientras se tuestan en el infierno Korchnoi, Geller y Spassky. Aquí tengo yo también un sitio.”[4]

 

 

UN CAMPEÓN EFÍMERO

En 1961 perdió el match-revancha con Botvinnik. Había pecado de optimismo. Estaba convencido de que el patriarca no se atrevería a volver a enfrentarse a él. Creo que incluso pensó que lo había retirado del tablero. Minimizó por completo la capacidad de análisis y de autocrítica de Botvinnik, su determinación y espíritu de lucha. Aunque también contribuyó al desenlace del segundo encuentro su deteriorada salud, que por entonces había vuelto a afrontar una operación renal. Optimismo + desentrenamiento + mala salud = previsible desastre.

Por otro lado, es difícil mantenerse en la cumbre, y aquí pido perdón por autocitarme: “Cuando se ha llegado a la cima, no se puede subir más. Por otra parte, es difícil permanecer en ella, porque, sencillamente, allí no hay nada qué hacer y lo que sí suele haber es mal tiempo.”

Pese a su derrota en el match-revancha, Tal se reconcilia consigo mismo y vence brillantemente el torneo de Bled 1961, por delante de Fischer, Petrosian, Keres, Gligoric, Geller… la flor y la nata del ajedrez mundial.

Pero el torneo de Candidatos de Curaçao (1962), en el ambiente sofocante de las Antillas Holandesas, resulta fatídico para él. Programado como liga a cuatro vueltas, con los ocho aspirantes, al final de la tercera sólo suma 7 puntos (de 21 partidas) y debe retirarse del torneo, acuciado por fuertes dolencias renales.

 

 

AVANZA LA DÉCADA PRODIGIOSA

En 1963 va recuperando la forma y gana varios torneos internacionales. En el Memorial Capablanca se le escapa el primer puesto por medio punto. Pero consigue numerosas victorias, ¡aunque pierde con el colista Calero!

 

Tal – Letelier

Memorial Capablanca

La Habana, 1963

 

=COMENTAR=

 

En el Interzonal de Amsterdam (1964), un macrotorneo de 24 jugadores, comparte el primer puesto con Spassky, Larsen y Smyslov. Poco después, finaliza tercero en uno de los campeonatos de la URSS más creativos, con un juego espectacular. Su partida con Vasiukov, por ejemplo, es una característica muestra de su estilo. Y aunque pierde, su lucha con Bronstein es memorable.

 

Tal – Vasiukov

32º Campeonato de la URSS

Kiev, 1964

 

Posición después de 18…¥a6

 

=COMENTAR=

 

 

      Gana un fuerte Campeonato de Letonia en 1965 y en sendos matches de Candidatos elimina a Portisch (5,5-4,5) y a Larsen (5,5-4,5). Pero entonces se cruza en su camino el mejor Spassky. Después de ocho partidas el match está igualado, pero, inesperadamente, Tal se viene abajo y pierde las tres últimas, proclamándose Spassky nuevo aspirante al título mundial.

A partir de ese momento, aunque Tal seguirá luchando por el máximo título, sus opciones se reducirán considerablemente.

En la Olimpiada de La Habana (1966), aunque no jugó las cuatro primeras partidas a causa de un famoso incidente, tuvo una magnífica actuación, invicto, con 12 de 13 (+11 =2). Ese mismo año se proclama vencedor del torneo de Palma de Mallorca.

Gran actuación también en el fortísimo torneo internacional de Moscú 1967, donde finaliza segundo, a un punto de Stein.

De su baja forma en 1968 y 1969 cabe responsabilizar, en buena parte, a sus problemas renales, que siguen produciéndole intensos dolores para atenuar los cuales los médicos le recetan morfina. Parece que Tal se aficionó en exceso al alivio que la morfina le proporcionaba y un periodista, informado y malévolo, le preguntó directamente: “¿Es usted morfinómano?” Pero no contaba con el diabólico ingenio de Tal: “No, no soy morphynómano, soy chigorinómano.” Posteriormente, logró superar su adicción.

 

 

DECLIVE CON DESTELLOS Y RÉCORDS

En la década de los setenta Tal inicia una recuperación. En 1971 gana cuatro torneos: el Memorial Goglidze en Tbilisi, el Campeonato Abierto de Georgia, y los de Tallinn y Pärnu (ambos empatado con Keres). Sin embargo, tiene una actuación muy discreta en el Memorial Alekhine de Moscú, aunque gana una brillante miniatura a Uhlmann, que le reporta el premio de belleza.

 

Tal – Uhlmann

Moscú 1971

 

=COMENTAR=

 

Su recuperación se confirma en 1972 y 1973, encadenando cinco primeros puestos: Sujumi 1972, en el 40º Campeonato de la URSS, donde supera en dos puntos a Tukmakov, Wijk aan Zee y Tallinn 1973, si incluimos el mejor resultado individual de la Olimpiada de Skopje, con 14 de 16. En 1973 fracasa en el Interzonal de Leningrado, compartiendo el octavo puesto con Gligoric, pero como compensación gana los torneos de Sochi y Dubna. Tras imponerse en Tallinn, firma una serie de 83 partidas invicto.

Una segunda serie de récord se inicia tras su mala actuación en el Campeonato de la URSS de 1973, ¡logrando mantenerse invicto nada menos que en 93 partidas!

En 1974 consigue triunfar en Halle y Novi Sad y, por una vez, obtiene el mejor resultado como primer tablero en el Campeonato de la URSS por equipos, con 6,5 de 9. Vuelve a hacerlo muy bien en la Olimpiada, sumando 11,5 de 15 (+8 =7 -0) en la de Niza y concluye un muy buen año con el primer puesto (compartido con Beliavsky) en el 42º Campeonato de la URSS en Leningrado.

Poco reseñables son sus actuaciones en 1975. En 1976 logra finalizar segundo (empatado con Petrosian y Portisch) en el Interzonal de Biel, sólo superado por Larsen. Para su desgracia en el triangular de desempate no logra clasificarse para el Candidatos.

En 1978 conquista, una vez más, el primer puesto en el Campeonato Soviético, empatado con Zeshkovsky, invicto, con 11 de 17 (+5 =12 -0).

Pero en la primavera de 1979 un Tal en pleno auge triunfa en el llamado Torneo de las Estrellas de Montreal, empatado con Karpov, e invicto, 12 de 18 (+6 =12). Gana allí una espectacular partida a Spassky, que resulta muy alabada por sus colegas, aunque él la considera “sólo una variación sobre el tema del sacrificio de alfil en h7”.

 

Spassky-Tal

Montreal 1979

 

=COMENTAR=

 

En su patria chica, Riga, juega, a fines del verano, el Interzonal, en el que se apunta un gran éxito, con 11 partidas ganadas y 6 tablas, adelantando al segundo clasificado, Polugaievsky, en 2,5 puntos de ventaja. Desborda la alegría de sus seguidores que ven a Tal en su mejor momento.

Pero a la euforia sigue la decepción. En el 47º Campeonato Soviético de Minsk, tiene una actuación pésima, finalizando en 14º lugar. Malos augurios para afrontar su match de cuartos de final de Candidatos, precisamente con Polugaievsky, uno de los mejores teóricos de aperturas del mundo.

 

 

LOS AÑOS OCHENTA

La década de los ochenta comienza con el último match Karpov-Korchnoi (Merano, 1981), pero es, sobre todo, la de los grandes duelos entre Karpov y Kasparov, y la aparición de la GMA con su Copa del Mundo.

Son también los años de Polugaievsky, de Ljubojevic, de Anand, de Timman, de Hübner, de Miles, de Short, de Nunn, junto a las nuevas estrellas soviéticas, como Salov, Yusupov, Shirov, Gelfand, Ivanchuk…

Para Tal, sin embargo, la década se inicia en la capital de Kazajstán, Alma-Ata, con su match contra Polugaievsky. Las cosas cambian sustancialmente respecto a Riga. Polugaievsky se había preparado a conciencia y vence con autoridad (5,5-2,5) sin que Tal consiga ganar una sola partida.

Nuevo renacer en 1981, ganando los torneos de Tallinn, Málaga, Lvov, Riga y Porz, así como mejor primer tablero en la liga de la URSS.

En 1982 resulta vencedor en Erevan y Moscú, con una buena actuación en el Interzonal, tercero, solo tras Kasparov y Beliavsky, con 8 de 13. Y en la Olimpiada de Lucerna suma 7 de 8 (+6 =2). Poco después, gana el Memorial Chigorin.

La salud vuelve a jugarle una mala pasada al año siguiente, cuando tiene que abandonar el Campeonato Soviético, con malas o mediocres actuaciones durante el resto de 1983 y 1984. En este año se celebra en Londres el segundo match URSS-Mundo, en el que sube dos tableros con respecto a 1970, y vence a Nunn 2,5-1,5. Empata luego con Azmajparashvili en el primer puesto del torneo de Albena.

Los bríos de Tal parecen renovarse en el Interzonal de Taxco (1985),  en el que finaliza invicto, con 10 de 15 (+5 =10), tras Timman y Nogueiras, clasificándose para el Torneo de Candidatos. Torneo esta vez, puesto que ha vuelto a modificarse el formato y será liga. Gana el torneo de Yurmala, pero en el de Candidatos, en Montpellier, tiene una actuación algo decepcionante, al compartir el cuarto puesto con Timman. En el match de desempate, la igualada (3-3) clasifica al holandés por mejor coeficiente en el torneo.

Tal se embarca, a partir de entonces, en una azarosa participación en abiertos, en los que no logra resultados reseñables. En Reykjavik 1987 es segundo, empatado con Timman. En Yurmala comparte el primer puesto con un trío, y vence en Termas de Río Hondo (Argentina). En su última participación en un interzonal (Subotica 1987) es cuarto, a medio punto del vencedor.

1988 es un año curioso en su trayectoria. En el Open de Saint John sólo consigue finalizar cuarto, pero allí tiene lugar igualmente el primer Mundial de Blitz, en forma de eliminatorias. Mientras Karpov y Kasparov caen eliminados en cuartos de final, Tal deja fuera a Dimitri Gurevich, Nogueiras, Yusupov, Chernin y, en la final, a Vaganian: ¡3,5-0,5! Un gran éxito con 51 años. Más tarde, gana un match a Timman por 3,5-2,5.

En el Interzonal de Manila sólo consigue el 50% de la puntuación, finalizando 29º/39º. Tal se ve eclipsado por los nuevos rigores del sistema suizo, en el que un punto o un traspiés es un mundo.

 

 

EL ACRÓBATA SIN RED

Tal era muy competitivo. Pero su aversión por toda actividad física era legendaria. En su primera juventud había jugado al fútbol. De portero. ¿Portero? Cualquiera hubiese supuesto que su posición preferida en un campo de fútbol sería la de delantero, y aun la de delantero goleador. Pero también en esto resultó imprevisible. Después, cero actividad física. Hay numerosas anécdotas al respecto. Baste una. Genna Sosonko y Vladimir Bagirov, que actuaban de segundos en el Interzonal de Subotica, solían ir los días de descanso a nadar en una piscina cercana al hotel, lo que suponía caminar un pequeño trayecto rural. Una y otra vez trataban de convencer a Tal de que los acompañase, por los efectos beneficiosos para su salud. “Ese paseo por la naturaleza te hará bien, Misha.” “¿Naturaleza? ¿No es ahí donde hay granjas con pollos y los despluman?” “El agua de la piscina contiene azufre y eso es bueno para la salud.” “¿Azufre, eh? En lo que a mí respecta, el infierno puede esperar.”[5]

Siempre tuve la impresión de que Tal jugaba como si no hubiese mañana, como si no hubiese más futuro que el presente y sólo le interesase el desafío que su rival de turno le lanzaba en el tablero. Ese pisar fuerte por la vida me recordó al poeta Vladimir Maiakovski, quien abrazaba la existencia a manos llenas. Después de todo, ¿no es esa inmersión en el caos la forma más poética del ajedrez? Pienso que la máxima aspiración de Tal era gobernar las diabólicas complicaciones que creaba en el tablero, asumir el reto abismal de salir airoso de ese descenso a los infiernos tácticos.

Que Tal abusó de su salud es más que evidente. Y para nosotros aún es más lamentable que evidente. El tabaco (sus dos o tres cajetillas diarias de Kent), pues casi es inimaginable la visión del ídolo sin un cigarrillo entre sus dedos. El alcohol, sobre todo el de alta graduación (vodka, brandy, ginebra). Korchnoi llegó a decir de él: “Tal ahogó en vodka su talento.” Todo eso, cultivado como hábito de conducta, causó estragos en su biología.

Sus últimos años fueron un auténtico calvario para el héroe de Riga. Ya en la década de los ochenta ofrecía una imagen espectral: un hombre de cincuenta años, con aspecto de septuagenario. Aquella mirada hipnótica e intimidante de su juventud se había desvanecido en la jungla de la existencia. En Wijk aan Zee un periodista lo saludó en la sala de prensa y Tal le dio las gracias. “¿Por qué?” “Por reconocerme.”

Comparte el primer puesto con Granda y Nogueiras en Buenos Aires 1991 y en el último Campeonato de la URSS (Moscú, 1991) sólo puede ser 29º entre 64 participantes.

Unos meses antes de su desaparición, se mostraba optimista en la que seguramente fue su última entrevista, publicada a título póstumo por Nana Alexandria[6]. “Mi salud en los últimos tiempos era crítica. Por ejemplo, subir a un segundo piso era para mí algo parecido a una ascensión al Everest. En ese momento providencial apareció en el horizonte Milunka Lazarevic, quien decidió que debía encontrarme con el extrasensorial Magul Gordeladze. (…) Antes del encuentro con Magul yo era la viva manifestación del escepticismo hacia lo milagroso y lo mágico (…) De un Tal absolutamente enfermo y debilitado me convertí en otro relativamente sano. Ahora, pues, ya creo en los milagros.” El canto del cisne. Los placebos de la mente.

En 1992 jugó su último torneo en Barcelona. Luego le ganó una partida de Blitz a Kasparov y eso fue todo. En la capital mundial del ajedrez terminó su historia. Una historia maravillosa y terrible a la vez.

 

 

EL MAGO ENTRA EN EL PARAÍSO

Tal no se equivocaba. En aquel artículo sobre el cielo y el infierno sólo ironizaba con su fino humor oscuro. Saber reírse de sí mismo formaba parte de su personalidad. Como cuando les decía a los jóvenes: “A tu edad yo ya era campeón del mundo”, broma que refinaría más tarde: “A tu edad yo ya era excampeón del mundo.” O como cuando perdió con Polugaievsky el match de Candidatos: “Ahora sólo soy Polu-Tal” (medio Tal).

Lo cierto es que se sabía predestinado y que ese destino sería el paraíso del ajedrez, de modo que cuando San Greco le abriese las puertas celestiales, podría presentarle una tarjeta con un título mundial, seis campeonatos soviéticos, incontables triunfos en torneos internacionales y, sobre todo, toneladas de creatividad y belleza en forma de hermosas partidas de ajedrez.

El ajedrez de Mijail Nejemevich Tal, sus inolvidables combinaciones son un monumento a la creatividad, al genio, a la inspiración. Recordemos estos axiomas o principios motores del primer Tal: Hoy día son muchos los que conocen demasiado bien no sólo la tabla de multiplicar del ajedrez, sino también sus logaritmos, así que ha llegado la hora de demostrar que dos y dos son cinco. (…) Aunque a menudo también yo me he visto obligado a ganar partida puramente posicionales, me siento más atraído por el triunfo de lo ilógico, lo irracional y lo absurdo: una lucha feroz tiene lugar en el tablero, sometida a alguna idea, una lucha por ejecutar los planes respectivos, pero el desenlace se produce por un pequeño peón, que no tiene nada que ver con el motivo principal del drama. Por expresarlo en lenguaje matemático, en ajedrez prefiero el lado de un triángulo rectángulo que resulta ser más largo que la hipotenusa.[7]

Él lo hizo. Refutó la aritmética del tablero. No sólo demostró que dos y dos son cinco, sino también que dos por dos son igualmente cinco.

Se habla mucho hoy de “cerrar el círculo” para significar la culminación de un proyecto vital. ¿Cerró Mijail Tal ese círculo? Teniendo en cuenta su debilidad por transgresoras metáforas matemáticas, yo diría que no sólo lo cerró, sino que hasta consiguió su cuadratura. Vivió una existencia plena e intensa, dedicándose en cuerpo y alma a lo que le gustaba, con lo que era feliz y con lo que hacía felices a los demás: jugar al ajedrez.

“El ajedrez es imaginación”, dijo David Bronstein. ¿Cómo es que a nadie se le ocurrió inscribir en la tumba de Tal este epitafio: el ajedrez es fantasía?

Todos lo sabemos: en los cielos del ajedrez y fumando su cigarrillo Kent, se encuentra Tal, jugando con Stein y Fischer y Bronstein interminables partidas de Blitz.

+

[1] El editor del periódico, en El hombre que mató a Liberty Valance.

[2] Aunque más tarde  Petrosian afirmaría que Tal era uno de los mayores genios en la historia del ajedrez.

[3] Práctica de ajedrez magistral, Ediciones Limitadas Catalán. Barcelona, 1960.

[4] Ajedrez: ¿Arte o ciencia?, ‘Zvaigne’, diciembre de 1960, reproducida en El ajedrez español, 1961.

[5] Citado por Genna Sosonko en su libro Russian Silhouettes, ‘My Misha’. Alkmaar 2001.

[6] Realizada en Tbilisi, en junio de 1992. Publicada en Revista Internacional de Ajedrez, nº 70 (julio 1993), pp. 16-18.

[7] Ajedrez: ¿Arte o ciencia?, citado.

¿Quieres comentar algo?