ajedrez, junio 13, 2011

TARRASCH y sus 300 partidas (1)

La editorial LA CASA DEL AJEDREZ se dispone a publicar, en el próximo otoño, la monumental obra de Siegbert Tarrasch Dreihundert Schachpartien (Trescientas partidas de ajedrez), todas ellas del gran preceptor y maestro. Puedo dar fe de que la mayoría de esas partidas (incluidas aquellas con ventaja) son interesantes o muy interesantes, comentadas de forma espléndida por el insigne maestro alemán.
Vale la pena resaltar que se trata de un importante acontecimiento editorial, puesto que dicha obra se encontraba inédita en castellano. Por otro lado, conviene precisar que es una versión íntegra del original (500 páginas), a diferencia de algunas ediciones, como una inglesa que circula, de la que faltan todas las introducciones capitulares (¡que son bien sabrosas!) y, en general, más de un 30% del texto original.
Sigue un extracto, correspondiente al capítulo 12:

El Torneo de Manchester 1890
Tras haber ganado el torneo de Breslau, uno de los maestros extranjeros me felicitó, con un desconcertante comentario, a saber, que yo conseguía grandes resultados «con un ajedrez de contención». Nada más lejos de mi intención que esta manera de pensar, y además daba por hecho que en Breslau me había forjado una reputación, lo que me obligaba a defenderla en la próxima ocasión que tuviese, pues pensaba, como Anderssen, que el ideal de todo ajedrecista es practicar su juego.
Esta oportunidad se me presentó con el Congreso Internacional que la Federación Británica de Ajedrez pensaba organizar, a fines del verano de 1890, en la ciudad de Manchester. Pocos en Alemania eran conscientes de mi intención de participar en dicho torneo. Por ejemplo, mi colega y habitual oponente en el tablero, el Dr. Epstein de Nuremberg, se msotró sorprendido y emocionado cuando se lo conté, e incluso me hizo prometer que repetiría la hazaña de Breslau*… Llegué a la conclusión de que la receta aplicada en Breslau era la idónea para la victoria.
Después de los rigores profesionales de la temporada, había previsto realizar también un magnífico viaje por el Rhin y, por fin, el estimulante viaje por mar a Inglaterra fue un buen reconstituyente para mi sistema nervioso, que me preparaba anímicamente para la lucha y la victoria.
En Manchester me encontré con dos maestros alemanes muy conocidos: Schallopp y von Scheve, además de los maestros extranjeros Alapin y Taubenhaus, con los destacados jugadores ingleses Bird, Blackburne, Gunsberg, Mackenzie y Mason, completando la nómina los señores Gossip, Lee, Locock, Mortimer, O. C. Müller, Tinsley y van Vliet, de Londres, Gusnton, de Cambridge, el Reverendo Owen, de Liverpool, y Thorold, de Bath. Un torneo magistral, en suma, con 20 participantes, si bien no tan fuerte como el de Breslau.
El lunes, 25 de agosto, a las 12.00 horas, dio comienzo esta gran competición, en la que, lo mismo que en los torneos alemanes, se disputaban tres partidas cada dos días, con sesione de juego de 12.00 a las 16.00 horas, y de 18.00 a las 22.00.
Tras unas tablas preliminares, pronto llegué a coger el ritmo al torneo y empecé a ganar, y, aunque tenía varias partidas aplazadas, me situé en puestos de cabeza. Lamentablemente, mis rivales más significados (Blackburne, Mackenzie y Mason) ganaban una partida tras otra y, después de la sexta ronda, los cuatro íbamos empatados. Resultó de capital importancia entonces mi partida de la octava ronda con Mason, puesto que ambos nos encontrábamos invictos. La partida tuvo un desarrollo similar a la de Breslau, y también le gané de forma parecida. Mason, en la sesión final y en posición muy inferior, hizo entonces la broma de preguntarme si no prefería abandonar… La misma suerte tuve en mis partidas con Alapin y Schallopp, en la séptima y novena rondas. Estas tres partidas no pudieron reanudarse en la primera semana, de modo que al final de la misma me encontraba con 5 puntos en la tabla, mientras que Mackenzie sumaba ya 7,5 y Blackburne y Mason 7. Sólo yo sabía que , tras la reanudación de mis tres partidas aplazadas (en las que esperaba sumar 2,5 puntos), también yo totalizaría 7,5 puntos, mientras que tanto para el público como para la prensa, que veían mis modestos 5 de 9 en la tabla, era un presumible outsider, así que en mi fuero interno me divertía enormemente la sorpresa que les esperaba.
El lunes de la segunda semana debía enfrentarme a Mackenzie, mi rival más peligroso. Abrí el juego con la Apertura Española, y pronto conseguí ventaja en la apertura, pero en el momento crítico opté por lo que parecía un plan ganador, cuando en realidad era erróneo. Mackenzie se defendió bien y la partida se aplazó en posición igualada, de modo que nuestro encuentro no resultó, en modo alguno, decisivo. No para mí, pero sí para otros, que tuvieron contratiempos importantes, porque en las cuatro primeras rondas de la segunda semana todos mis rivales directos sufrieron algún traspiés: Blackburne perdió ante Bird, Mason ante von Scheve, y Mackenzie, cuya grave enfermedad (se supo después del Congreso que padecía una afección pulmonar) afectaba a su juego, contra Lee y Tinsley. Yo, en cambio, seguía invicto, y el lunes por la tarde tenía que jugar contra Gunston, quien, en la jugada 20, se negó a aplazar la partida, alegando que la posición era indiferente y ninguno tenía posibilidades de ganar.
(…)
(continuará)

*El torneo internacional de Breslau 1889, con 18 participantes, también ganado por Tarrasch (con 13 de 17), seguido de Burn, Mieses, von Bardeleben, Bauer, Gunsberg, Louis Paulsen, etc.
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1 comentario

  1. Viorel 09:09, noviembre 04, 2013

    Muy bueno este libro. Acabo de reproducir las 300 partidas del libro de Tarrasch. Tambien comenta muy bien un match de 22 partidas con Chigorin ( el padre de la escuela de ajedrez en Rusia),y otro match con Walbrodt, una joven promesa ajedrecistica en Alemania. Muy bien comentadas todas las partidas paso a paso.