ajedrez, abril 24, 2011

BOBBY FISCHER (y III)

Extracto del libro BOBBY FISCHER, por A. Gude, de inminente publicación por la Editorial La Casa del Ajedrez.

(…)
El americano había alcanzado la Final de Candidatos. El otro finalista era Tigran Petrosian, campeón del mundo entre 1963 y 1969. En cuartos había eliminado a Hübner (4-3), y en semifinales a su eterno enemigo, Korchnoi (5,5-4,5). Desde el punto de vista del resultado, sus victorias, por estrechísimo margen, no tenían nada que ver con las de Fischer. Pero la «tenacidad defensiva, su fenomenal percepción del peligro, una capacidad casi animal para agazaparse, esperar y lanzar de repente un golpe mortífero eran cualidades casi legendarias. Un jugador así no es fácil de superar» (Kasparov).
Petrosian quería jugar en Atenas y Fischer en Buenos Aires. Finalmente, un sorteo decidió que la capital argentina albergaría el match.
Apenas llegado a Buenos Aires, el americano declaró: «Soy el mejor jugador del mundo y estoy aquí para demostrarlo.»
Al iniciarse este emocionante encuentro, la atmósfera estaba caldeada.
En 64, la revista que entonces dirigía Petrosian, apareció un artículo, firmado por un tal Golubev, muy insultante hacia Bobby Fischer, quien, naturalmente, se indignó y, a su vez, realizó algunas declaraciones hirientes hacia su rival.
La primera partida volvió a tener un inusitado protagonismo. En una Siciliana, Petrosian hizo uso, con negras, de una novedad que le había hecho llegar (se dijo entonces) un aficionado. En realidad, era el maestro moldavo Chebanenko. La novedad era efectiva. Tras numerosas incidencias, la partida (capítulo 1, nº 25) llegó a un final de T+C vs T+C con peones, en el que los apuros de reloj llevaron a Petrosian a cometer errores que le costaron un punto que debió haber sido suyo. Fischer ganaba así su 13ª partida consecutiva en el ciclo de Candidatos.
La segunda partida, sin embargo, significó un brusco giro de los acontecimientos. Petrosian ganó con todo merecimiento, sumiendo al americano en el desconcierto. Los espectadores, puestos en pie en el Teatro San Martín, obsequiaron a Petrosian con prolongados y explosivos aplausos. ¡Había lucha!
En la tercera, el GM armenio volvió a tener posibilidades de victoria, pero su juego en el final fue un tanto conservador y acabó cediendo tablas.
La rápida propuesta de tablas, en la cuarta partida, con blancas, sugirió cierto tufillo a temor. Algo que sin duda percibió Fischer: «Al comienzo no me sentía demasiado bien. Pero cuando, en la cuarta partida, en la que él llevaba blancas, evitó cualquier tipo de agresión desde la apertura, comprendí que ganaría el match.»
Otras tablas en la quinta mantuvieron el marcador igualado.
En la sexta (capítulo 4, final nº 14) no logró conseguir tablas. Petrosian reprochó a sus segundos (nada menos que Suetin y Geller) que sus análisis habían sido deficientes. Incluso se dice que Rona, su mujer, abofeteó a Suetin. Tampoco en la séptima logró sacar adelante el final. Una partida que Fischer consideraba su mejor producción en el match. Petrosian se hundió. El final fue catastrófico y Fischer ganó por 6,5-2,5. ¿Cuándo había perdido Petrosian cuatro partidas seguidas?
La conmoción en el mundo el ajedrez fue considerable. Y no digamos en las esferas soviéticas. Hasta Botvinnik, de riguroso pensamiento lógico, aludió a cuestiones incomprensibles. «Es difícil hablar de los matches de Fischer. Se han producido milagros. Su match con Taimanov fue sorprendente. El de Larsen aún lo fue más y el de Petrosian fue sencillamente asombroso. En los dos primeros matches todo estuvo claro para el público, pero lo que sucedió en Buenos Aires incluso hoy sigue siendo un misterio. Entre la primera y la quinta partidas en esencia dominó Petrosian, pero en las cuatro siguientes descendió al nivel de Taimanov y Larsen…»
Spassky reaccionó con su habitual sinceridad y sentido del fairplay: «Fischer ha jugado magníficamente. Su juego produce muy buena impresión. Mientras que en la primera parte del match vimos a Petrosian, pero no a Fischer, en la segunda parte sólo vimos a Fischer, y no a Petrosian. Creo que la principal razón del fracaso de Petrosian, en la segunda mitad del duelo, fue que no estaba preparado para una lucha sin cuartel.»
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2 comentarios

  1. Ariel Elea 18:07, abril 24, 2011

    Totalmente de acuerdo. Pero es como si, haciendo una analogía con el fútbol, a uno le preguntaran: ¿Messi, Maradona, Cruyff, Zidane o Di Estefano? Yo diría Maradona. En el ajedrez, yo digo Alekhine.
    Evidentemente, nunca discutiré la «calidad» de Fischer, ni la de Antonio Gude.
    Un saludo.

  2. JAIRO TANGARIFE C. 13:06, abril 24, 2011

    Mis Respetos: La vida de un «Genio» como Fischer, siempre será atrayente y apasionada para todos los fans del ajedrez, máxime cuando es tratada por un experto con la categoría de Antonio Gude