El célebre escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) publicó, en el desaparecido semanario español ‘Cambio 16’ un extenso artículo sobre Capablanca (Capa hijo de Caissa), en dos partes, del que transcribo unos breves extractos:
–¿A dónde vas tan de prisa?
–Al Café de Flore. Juegan una partida Céline y Henry Miller.
–Bah, escritores menores.
–Pero es que juegan contra Capablanca.
–¿A qué esperamos?
«La primera vez que vi a a Capablanca fue la última. Mi madre me llevó a verlo. Mi madre, tengo que decirlo, no tenía idea de lo que era el ajedrez, pero sí sabía quién era Capablanca. Una tarde, casi a primera noche, nos arrastró a mi hermano y a mí a ver a Capablanca. Salimos después de comer y llegamos a nuestro destino, el Capitolio Nacional, donde era casi de noche. El enorme edificio blanco estaba iluminado para una fiesta, a la que íbamos. Subimos la alta, ancha escalinata de granito hasta el Salón de los Pasos Perdidos (buen nombre, lástima que fuera prestado) y allí en medio estaba Capablanca en su posición de eminente jugador de ajedrez que ha sufrido un jaque mate. Cuando nos acercamos, con reverencia, pude ver todo lo que se podía ver de Capablanca: sólo su torso. Estaba terriblemente pálido, gris más bien, y en la nariz y en los oídos tenía torpes tapones de algodón. Capablanca se veía inmóvil y sin edad: estaba muerto, era evidente, aunque era inmortal.
(…)
Ahora, joya sobre joya, el ataúd en que descansaba Capablanca, su estuche, se posaba, pesado, con su carga preciosa sobre el duro diamante y la acumulación de riquezas era casi insoportable para un niño que trataba de comprender qué significaba tanta veneración. Mi madre, una loca por la cultura, dijo, definitiva: «Es una gloria de Cuba.» No dijo fue, sino es, Capablanca es.
La vida de Capablanca comienza donde empieza el ajedrez. Su juego es su vida.
Jugadores de ajedrez, apártense.»
Cabrera Infante, que empezó en sintonía con la revolución cubana, ocupando cargos oficiales, acabó muy enfrentado con el castrismo.
En 1964 ganó el prestigioso premio literario Seix Barral con su novela ‘Tres tristes tigres’, que inicialmente se titulaba Vista del amanecer desde un trópico.
Sus reiterados capítulos (‘Ella cantaba boleros’) causaron sensación en su tiempo. El libro está lleno de retruécanos y calambures, como corresponde al trabalenguas que le da título. El autor era un malabarista del lenguaje y recreaba la vida habanera.
Años después se fue a Londres y ese exilio ¿voluntario? le supuso una gran pérdida. Escribió más cosas, pero la niebla o el frío londinense congelaron su capacidad creativa. Un título posterior es muy significativo: La Habana para un infante difunto (que juega con el título de la famosa composición ‘Pavana para una infanta difunta’). G. Caín (su seudónimo) tenía el alma en cenizas y la falta de La Habana fue excesiva para alguien que no podía vivir sin ella.
Hay autores cuyo universo creativo es inseparable de su ciudad o su país, aunque escriban en otro lugar del mundo. Desde París o Trieste, Joyce sólo pensaba en Dublín. Dostoievski es San Petersburgo, Onetti es el Uruguay interior, con Santa María y Puerto Astillero, lugares imaginarios, hoy tan míticos como pueda serlo el condado de Yoknapatawpha, Mississipí, de Faulkner, que se asfixiaba en Hollywood. Cuba era el mundo de Cabrera Infante. Y más que Cuba, La Habana.
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Antonio Gude 21:28, diciembre 03, 2011
No, Jairo. El artículo se publicó mucho antes que el libro. Lo tengo en mi poder y te aseguro que fue en 1989. Seguramente estos trabajos los recopiló luego CI para el libro que dices. Suele ser así. A mí me gustaba mucho CI y veía su incontenible amor por La Habana. ‘Ella cantaba boleros’ es significativo. Parece que CI cada vez que se encontraba en un hotel le pedía al pianista (si es que había un pianista), que tocase ‘Perfidia’,un bolero de Agustín Lara, que él quiso explicar. Pero esto es largo. Perdón.
Anonymous 21:24, diciembre 03, 2011
¿Será algún «Lapsus númerico»-|989 Vs 1998?
Jairo
Antonio Gude 16:56, diciembre 03, 2011
Jairo. No lo sabía. En cualquier caso, el artículo de CAMBIO 16 data de 1989.
Anonymous 16:06, diciembre 03, 2011
Este «Capa, hijo de Caissa»,es un capítulo del libro de Cabrera Infante, publicado en 1998, títulado: «Vidas para leerlas»
Jairo