Ajedrez, Mayo 19, 2017

Ajedrez entre dos mundos

Víctor Korchnói contra Géza Maróczy. Ilustración de Idearte para AG.

Como es bien sabido, el ajedrez es una disciplina antiquísima donde se enfrentan dos personas delante del tablero. A partir de la década de los ochenta del siglo pasado, gracias al pujante avance de las tecnologías, surgió una nueva modalidad que enfrentaba a un ajedrecista con una computadora y, a partir de entonces, apenas unos años después, se han organizado partidas y torneos entre las propias máquinas. Cabría pensar que el abanico de posibilidades ya estaba cubierto. Sin embargo, existiría otra que se antoja fascinante. ¿Sería factible una partida entre un ajedrecista vivo y otro fallecido? ¿Podría jugarse una partida de ajedrez entre dos mundos, el de los vivos y el de los muertos? Lo que viene a continuación es una historia curiosa, verídica y endiabladamente sugestiva.

La propuesta

Los hechos se remontan al verano de 1985, cuando el Gran Maestro de ajedrez Víctor Korchnói, tercer jugador del ranking mundial por detrás de Karpov y Kasparov, recibió una llamada bastante rara. “¿Con qué Gran Maestro fallecido le gustaría jugar?” le preguntaron y, sin pensárselo mucho, respondió que con Capablanca, con Keres o con Maróczy. Al cabo de unos cuantos días recibió una nueva llamada telefónica del mismo interlocutor, que resultó ser el doctor V. Eisenbeiss, por aquel entonces presidente de la Sociedad Suiza de Parapsicología, quien le transmitió un mensaje no menos extraño que el inicial: “No hemos encontrado a Capablanca ni a Keres ahí fuera, ¡pero Maróczy está deseando jugar con usted!”.

Naturalmente, Korchnói se quedó estupefacto. Para empezar, no entendía qué estaba pasando y, si cabe, el comentario de “no hemos encontrado a Capablanca ni a Keres ahí fuera” le descolocó aún más. ¿Significaba que sus almas habrían migrado a otros cuerpos y por eso no estaban disponibles? No obtuvo respuesta a dicha pregunta pero sí una explicación de lo que se pretendía. El doctor Eisenbeiss le comunicó que deseaba abordar un experimento que nunca hasta entonces se había intentado y le puso al corriente de los pormenores. Al principio, Korchnói se mostró reacio, sin embargo, en vista de que la participación en aquel experimento no afectaría a su vida de ajedrecista profesional, finalmente accedió.

El experimento

Para hacer posible tan singular confrontación ajedrecística, el doctor Eisenbeiss se puso en contacto con Robert Rollans, un médium de plena confianza con quien ya había trabajado antes y que no sabía nada de ajedrez, razón por la cual, previamente, se le tuvo que instruir en los movimientos y en el modo de transcribir las jugadas. Conviene señalar antes de proseguir con el relato que, hasta esa fecha, Rollans nunca había oído hablar de Maróczy ni de Korchnói, que ni el médium ni el ajedrecista ruso obtuvieron compensación económica alguna por participar en aquel experimento, y que al doctor Eisenbeiss no le movió más motivación que la de realizar una investigación que no se había contemplado hasta entonces.

Robert Rollans se sirvió de la escritura automática para establecer contacto con el espíritu de Maróczy y, cuando el Gran Maestro fallecido le indicaba su movimiento, el médium se lo trasmitía al doctor Eissenbeis y a continuación éste se lo comunicaba a Korchnói. El experimento se prolongó durante casi ocho años, bien fuera porque Víctor Korchnói viajaba constantemente de torneo en torneo y no era fácil contactar con él, por los problemas de salud del médium y, en ocasiones, debido a que Maróczy admitía no estar de humor para jugar. Durante las primeras jugadas se produjo una circunstancia muy llamativa, cuando Maróczy solicitó que, para competir en igualdad de condiciones, Korchnói no hiciera uso de tablero y piezas y jugara mentalmente, pues el fallecido maestro húngaro aseguró no disponer de dicho material donde él estaba. Al cabo de un año, Maróczy les informó que ya se había agenciado un tablero y piezas y que Korchnói podría empezar a usarlas si lo estimaba conveniente.

Los contendientes

Víctor Korchnói y Géza Maróczy

Tan sólo incluiré una breve reseña biográfica de ambos jugadores con el fin de aportar los datos más significativos de sus respectivas carreras deportivas.

Víctor Korchnói, nacido en 1931 en Leningrado, está considerado como uno de los más fuertes ajedrecistas de la historia aunque no consiguió ganar el título mundial. A lo largo de su vida ha vencido en numerosos torneos internacionales y en sus mejores tiempos se codeó con campeones de la talla de Tahl, Petrosian o Spassky, si bien, fue en 1978 cuando alcanzó la cima de su carrera, al enfrentarse a Anatoly Karpov en el match por el Campeonato del Mundo disputado en Baguio, Filipinas. Al margen de la calidad de las partidas que disputaron, el match estuvo repleto de conflictos extra-ajedrecísticos que hicieron las delicias de aficionados y de cronistas. Por ejemplo, la presencia de un conocido hipnotizador en el equipo de Karpov, el Dr. Zuhar, circunstancia que motivó el uso de gafas de espejo por parte de Korchnói; la petición de analizar con rayos X la estructura de las sillas por si escondían algún artefacto oculto; o encendidas protestas por los yogures que le entregaban a Karpov durante el encuentro, alegando que podían estar enviándole mensajes subliminales. El resultado fue favorable a Karpov, que venció en 6 partidas por 5 victorias de Korchnói, además de otros 25 juegos que finalizaron en tablas. A día de hoy sigue en activo, aunque por su edad no se prodiga en demasiados torneos.

Géza Maróczy nació en Hungría en 1870 y falleció en mayo de 1951. Fue uno de los mejores ajedrecistas del mundo de su época y ocupó el primer puesto en diversos torneos internacionales, por ejemplo el de Hastings, por todo lo cual se ganó el derecho a disputar el campeonato mundial al poseedor del título, Emanuel Lasker, con quien negoció las condiciones para que el encuentro tuviera lugar en Cuba en 1906, aunque motivos de política interna del país caribeño obligaron a cancelar los preparativos y el match nunca se celebró.

En 1908 se retiró temporalmente del ajedrez y no volvió a disputar una partida hasta 1927, cuando se enfrentó al campeón de Hungría, Géza Nagy, a quien aplastó en un match en el que Maróczy venció en cinco de las partidas, una terminó en tablas y no sufrió ninguna derrota. Fue la última vez que Maróczy jugó una partida de ajedrez, por supuesto, sin contar la que le enfrentó a Korchnói desde el más allá.

La partida

Sin duda, se trata de la partida de ajedrez más extraordinaria que jamás se haya disputado, y no por consideraciones puramente técnicas sino por las connotaciones tan asombrosas que la rodearon, no en vano, se jugó entre dos ajedrecistas de talla mundial, ¡uno vivo y el otro fallecido treinta años antes!

Por si algún lector de AFR es aficionado al ajedrez y está interesado en verla, la incluyo sin ningún tipo de comentarios, ya que más adelante me ocuparé de los análisis de la partida que realizaron varios expertos, entre ellos el propio Korchnói.

VÍCTOR KORCHNÓI VS. GÉZA MARÓCZY

Defensa Francesa [C18] 1985-1993

1.e4 e6 2.d4 d5 3.Cc3 Ab4 4.e5 c5 5.a3 Axc3+ 6.bxc3 Ce7 7.Dg4 cxd4 8.Dxg7 Tg8 9.Dxh7 Dc7 10.Rd1 dxc3 11.Cf3 Cbc6 12.Ab5?! Ad7 13.Axc6 Axc6 14.Ag5 d4 15.Axe7 Rxe7 16.Dh4+ Re8 17.Re2 Axf3+ 18.gxf3 Dxe5+ 19.De4 Dxe4+ 20.fxe4 f6 21.Tad1 e5 22.Td3 Rf7 23.Tg3 Tg6 24.Thg1 Tag8 25.a4 Txg3 26.fxg3 b6 27.h4 a6 28.g4 b5 29.axb5 axb5 30.Rd3 Rg6 31.Tf1 Th8 32.Th1 Th7 33.Re2 Ta7 34.Rd3 Ta2 35.Tf1 b4 36.h5+ Rg5 37.Tf5+ Rxg4 38.h6 b3 39.h7 Ta8 40.cxb3 Th8 41.Txf6 Txh7 42.Tg6+ Rf4 43.Tf6+ Rg3 44.Tf1 Th2 45.Td1 Rf3 46.Tf1+ Tf2 47.Txf2+ Rxf2 y Maróczy se rindió, pues tras 48.b4 Re1!, las negras coronan primero y dan mate después de las jugadas 49.b5 Rd1 50.b6 c2 51.b7 c1=D 52.b8=D Dc2++.

Análisis de la partida

Para empezar, lo que corresponde es que sean las palabras del propio Korchnói las que abran este epígrafe, extraídas de su libro de memorias El ajedrez es mi vida… y algo más”. Dice Korchnói: “En la primera fase de la partida, la apertura, mi rival no jugó con exactitud, lo cual no es difícil de entender si tenemos en cuenta que llevaba 50 años sin jugar y que ni siquiera disponía de tablero y piezas. Pero luego, cuando llegamos a un final en el que yo tenía un peón de ventaja, de pronto empecé a notar una resistencia real por su parte. Entonces me vino a la cabeza que debía tener cuidado o incluso podría perder la partida. Recordé que, en el pasado, Maróczy había hecho gala de una gran maestría en los finales de partida”.

Por otra parte, desde que concluyó la partida hasta el día de hoy se han efectuado innumerables análisis y cabe resaltar que, aunque no se puede acreditar fehacientemente que fuera el espíritu de Maróczy el que condujo el bando blanco, se daban numerosos elementos que invitarían a no descartar dicha posibilidad. De un lado, el estilo de juego desplegado por quien dirigía las piezas blancas bien podría asemejarse al que ostentaba Maróczy cuando estuvo en activo: de corte clásico, tendente al conservadurismo, hábil en defensa y experto en la conducción de finales, una fase de la partida donde destaca la verdadera maestría de un ajedrecista. De otro, no parece exagerado afirmar que el nivel exhibido en la partida se ajustaría al de un Gran Maestro, alguien bregado en mil batallas, sólido y solvente.

Y no sólo lo aseguran los diversos expertos que durante décadas han analizado aquella partida. Hace muy poco, en el año 2013, Vernon Neppe, director del Instituto de Neuropsiquiatría del Pacífico y ajedrecista notable, sometió a la partida a un análisis muy profundo efectuado por los programas de ajedrez más potentes. Conviene señalar aquí que los programas de ajedrez disponibles en la actualidad, Houdini, Komodo o Stockfish, por nombrar sólo los punteros, son capaces de batir a quien se enfrenten con una facilidad abrumadora, un hecho que el vigente campeón mundial, Magnus Carlsen, admite con toda franqueza.

Tras un análisis detallado y profundo de los programas y bajo la supervisión del Maestro Internacional de ajedrez Leon Pliester, volvió a confirmarse que el juego que exhibió Maróczy en su partida contra Korchnói no era inferior al nivel de Gran Maestro, e incluso, se concluyó que pocos maestros de ajedrez de la actualidad podrían desplegar a día de hoy un estilo y una fuerza similar.

Consideraciones adicionales

Durante los más de siete años que duró la partida, al margen de los movimientos que realizaba replicando a los de Korchnói, los experimentadores dispusieron de una oportunidad única para interrogar al Gran Maestro húngaro con el fin de establecer si en verdad era quien afirmaba ser o se trataba de un formidable engaño. Y es que, mientras jugaba, Maróczy transmitía todo tipo de comentarios a Robert Rollans, quien llegó a anotar por medio de la escritura automática más de treinta páginas llenas de información aportada por el ajedrecista fallecido.

De hecho, Maróczy admitía todo tipo de preguntas y no dejó una sin responder, permitiendo que se realizara una investigación paralela a la puramente ajedrecística y ofreciendo la posibilidad de cotejar datos de su biografía que sólo el verdadero Maróczy podría conocer. Para ese trabajo se contrató a un historiador, Lazlo Sebestyen, a quien no se reveló la naturaleza de aquel experimento y únicamente se le explicó que habían solicitado su colaboración con vistas a escribir un libro sobre el Gran Maestro húngaro.

Con el fin de narrar los hechos ordenadamente, comenzaré con las preguntas de control que le formularon y las respuestas que él les ofreció, y finalmente relataré las comprobaciones que efectuó el historiador Lazlo Sebestyen.

Una de las preguntas más puñeteras que se le hicieron, valga la expresión, versó sobre el fundador de un Club de ajedrez, que en realidad no era un Club de ajedrez propiamente dicho sino una suerte de colectivo de ajedrecistas que habían sido víctimas de la jugadora Vera Menchick, discípula de Maróczy. A través de Rollans, el médium, Maróczy reconoció no estar muy seguro de quién había sido el fundador de aquel Club de afectados y derrotados por Vera Menchick, si bien, mencionó a un tal Dr. Becker. En vista de que ninguno de los participantes en la investigación conocía la respuesta de una pregunta tan rebuscada y era imposible obtenerla en libros o anuarios, el 4 de agosto de 1988, a modo de concurso, se publicó la pregunta en una revista de ajedrez austríaca por si alguien era capaz de aportar la solución, y el día 18 de ese mismo mes, un lector dio con la respuesta correcta: el fundador de tan singular Club había sido el Dr. Becker.

En otra de las preguntas se le preguntó por el torneo de Karlsbad de 1929 donde él había participado, y Maróczy les informó de la nómina de jugadores y añadió que el ganador había sido Aaron Nimzovitch, «un individuo excepcionalmente desagradable», según las palabras de Maróczy. A continuación, se le cuestionó sobre la partida que disputaron Samisch y Capablanca de ese mismo torneo, donde, inexplicablemente, el campeón cubano perdió una pieza en la octava jugada, y la respuesta de Maroczy fue la siguiente: “Aquel día Capablanca estaba muy nervioso. Tenía un lío con una princesa georgiana, Olga fue el nombre que nos dio. Ella estaba sentada en el auditorio, pero se dio la circunstancia de que la esposa de Capablanca acudió ese mismo día a Karlsbad a ver el torneo”. Capablanca, además de por su maestría en ajedrez era conocido por su éxito entre las mujeres, y ha llegado hasta nuestros días un chascarrillo que corría sobre él: “Capablanca no deja una dama en pie, ni dentro ni fuera del tablero”.

También le preguntaron sobre un rival apellidado Romi contra el que sólo había jugado una vez en un torneo celebrado en el sur de Italia, una partida en la que Maróczy encontró una ingeniosa maniobra defensiva que asombró al público y que le sirvió para salvar la partida. Al principio, los investigadores creyeron que habían cazado el engaño, pues Maróczy, a través del médium, negó haber jugado nunca contra aquel Romi, pero sí con un jugador apellidado Romih. Desde luego, podría parecer un detalle menor, un dato más bien anecdótico, aunque no lo consideraron así los investigadores pues en toda la documentación consultada aparecía un jugador de origen eslavo, que luego se afincó en Italia, apellidado Romi. No fue hasta unos meses después cuando se agenciaron un programa original del torneo de San Remo de 1930 donde aparecían los resultados, los emparejamientos y la nómina de participantes, entre los cuales figuraba el nombre de Romih. Resultó que el jugador de origen eslavo, después del torneo de San Remo y tras afincarse en Italia, se quitó la “h” del apellido para italianizarlo, y esa era la razón por la que en toda la documentación consultada por los investigadores apareciera como Romi.

Aunque sólo he incluido tres de ellas, se le formularon más de 90 preguntas de comprobación clasificadas en diversas categorías según su grado de dificultad, es decir, preguntas sencillas cuyas respuestas podían encontrase en libros o anuarios fácilmente accesibles, preguntas complicadas que únicamente podían responderse tras un laborioso trabajo de búsqueda y documentación sólo al alcance de expertos o historiadores, y una última categoría de preguntas de carácter privado que sólo podían ser conocidas por sus familiares más próximos.

Una vez recopiladas todas las respuestas que les dio Géza Maróczy a través del médium, entró en escena el historiador Lazlo Sebestyen, a quien se le pidió que tratara de encontrar respuestas a todas las preguntas que se le entregaron, con objeto de escribir la biografía del Gran Maestro. El historiador visitó diversas bibliotecas especializadas en ajedrez ubicadas en Rusia, frecuentó la biblioteca del Budapest Chess Club y la biblioteca de la Academia Científica de Hungría, además de entrevistarse con los hijos de Maróczy, todos ellos mayores de 80 años, y con un primo carnal.

A su vuelta, compararon las respuestas que les dio Maróczy a través del médium con las obtenidas por el historiador, y el resultado fue verdaderamente impactante. Nada menos que un 94% de las respuestas que les ofreció Maróczy coincidieron con las que descubrió el historiador tras su investigación, y el 6% no pudo verificarse al no hallarse la información correspondiente para poderla contrastar, con lo cual, de haber estado disponible, ¡quizá se hubiera dado el caso de que el 100% de sus respuestas hubieran sido ciertas!

Conclusiones

En principio, es absolutamente descartable que Rollans o Eisenbeiss fueran los responsables de los movimientos de las piezas blancas. El primero porque apenas sabía de ajedrez, sólo lo justo para transcribir correctamente las jugadas que le comunicaban, y el segundo porque, pese a ser un buen aficionado al ajedrez, carecía de la destreza necesaria para exhibir un juego como el de esa partida. Por otra parte, las computadoras de aquella época todavía no habían alcanzado un nivel significativo y ni siquiera las más desarrolladas de entonces podrían aproximarse a la fuerza de juego que mostró quien condujo las piezas blancas. Y, por diferentes razones, tampoco parece muy probable la intervención de un tercero confabulado con Eisenbeiss y Rollans para engañar a Víctor Korchnói, alguien que necesariamente debería de ser un Gran Maestro de ajedrez a la luz de los argumentos que se han esgrimido. De hecho, transcurridos veinte años de tan singular partida, ningún maestro de ajedrez ha confesado haber participado en aquellos hechos y, además, es altamente improbable que cualquier colega de profesión accediera a tratar de engañar a un ajedrecista con el carisma de Korchnói, un caballero del ajedrez tanto fuera como dentro del tablero.

Otra de las hipótesis que se han barajado para encontrar una explicación a este caso tan espectacular radica en las facultades de Rollans, quien quizá podría ser capaz de leer la mente de Korchnói a cientos o miles de kilómetros de distancia. Sin embargo, esa posibilidad presenta lagunas, pues una cosa es que leyera la mente del ajedrecista pero, ¿cómo había sido capaz de aportar tal cantidad de datos biográficos de Maróczy, para cuya recopilación un historiador contratado tuvo que bucear en diversas bibliotecas de Hungría o entrevistarse con los descendientes del Gran Maestro fallecido? Y, por último, en el improbable caso de que Rollans pudiera leer la mente de Korchnói casi a placer y con una amplitud e intensidad portentosa, ¿cómo es que no le venció, si podía acceder a las mejores jugadas para replicar obteniéndolas de la propia mente de su rival?

Robert Rollans, el médium que participó en el experimento, falleció 19 días después de que acabara la partida. En palabras del doctor Eisenbeiss: “A pesar de que estaba muy enfermo, no fue casualidad que no muriese hasta que finalizase la partida. Estaba predestinado a realizar el experimento hasta el final”. El doctor Eisenbeiss concluyó sus informes con una afirmación contundente a la vez que demoledora: “De nuevo se ha demostrado que además de la vida en la Tierra, ¡existe también otra vida!”.

Esta historia, muy poco conocida, desafía todo lo establecido y constituye uno de los casos más extraños e intrigantes que se hayan producido nunca.

(Artículo publicado en la revista digital ‘Al filo de la realidad’ el 2.1.2014).


Bibliografía

Víctor Korchnói: “El ajedrez es mi vida… y algo más”, Editorial Chessy, 2010, pág. 222-223.
V. Eisenbeiss, Wolfang and Dieter Hassler: “An Assessment of Ostensible Communications with a Deceased Grandmaster as Evidence for Survival”, Journal of the Society for Psychical Research, Vol. 70.2, nº 833, Abril 2.006, pág. 65-97.
Neppe, Vernon: “A Detailed Analysis of an Important Chess Game: Revisiting Maróczy versus Korchnói”, Journal of the Society for Psychical Research, Vol. 71.3, nº 888, Julio 2007, pág. 129-147, y addenda de Enero 2013.

2 comentarios

  1. Daniel 19:55, Mayo 19, 2017

    Un artículo de gran profundidad y creatividad en uno de los mejores Blogs sobre ajedrez en español. Un diamante del ajedrez.

  2. Jenny Milenette Ontibon 18:44, Mayo 19, 2017

    Que relato tan asombroso!!