cine, noviembre 14, 2011

LOS JUGADORES DE AJEDREZ (1)


LOS JUGADORES DE AJEDREZ

Este extracto formaba parte de un extenso artículo sobre cine, EL REINO DE LAS SOMBRAS LUMINOSAS, publicado en ‘Jaque’ nº 461.

Dicen que el arte no sirve para nada
que las plácidas veladas jugando al ajedrez
la emoción el triunfo y la tregua
a las preocupaciones carecen de valor
Y sin embargo si todos aquellos cuya
misión es dañar al hombre jugaran al ajedrez
aún tendríamos en pie ciudades
que hoy son polvo entre los muertos
Lord Dunsany

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Título original: Shatranj ke Khilari
Director: Satyajit Ray
Intérpretes: Sanjeev Kumar, Saeed Jaffrey, Richard Attenborough
Guión y Música: Satyajit Ray
Fotografía: Satyajit Roy
Duración: 113 minutos.
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Dentro del ciclo de 18 películas de la Filmoteca Española, se exhibió, el 24 de septiembre (1999) Los jugadores de ajedrez, del gran cineasta indio Satyajit Ray, nacido y muerto en Calcuta, capital de Bengala (1921-1992). Escritor, economista y músico, Ray estudió también artes gráficas en la Universidad de Rabindranath Tagore, con quien estaba emparentado. Sus primeras películas, como Pather Panchali (1955) o El mundo de Apu (1959), asombraron en los países occidentales. Del propio programa de la Filmoteca extraemos unas palabras del autor:

«La historia original apenas ocupaba una docena de páginas, y concernía sólo a los dos amigos que jugaban al ajedrez. La conquista británica del reino se mencionaba como un suceso que ocurría en un segundo plano de la narración. Decidí ampliar la historia y hacer que el acontecimiento político siguiese en paralelo a la narración original. Finalmente, el filme se rodó en bilingüe (hindi e inglés), porque existía la posibilidad de contar con Richard Attenborough. Mis películas bengalíes llegaban a un escaso número de espectadores indios. Ahora tenía un idioma que era comprendido más o menos en toda India. No es exactamente hindi, sino urdu, una forma clásica del hindi. Resultó muy difícil exhibir la película fuera de Calcuta. En Bombay circuló durante tres semanas y luego fue retirada, a pesar de que obtuvo muy buenas recaudaciones en taquilla. Se retiró porque los distribuidores no querían que yo invadiese el mundo hindi.»

El ajedrez y la guerra
En realidad, y precisamente por lo que habría de aclarar el propio Ray, el ajedrez no ocupa un papel protagonista en esta película. Pero sólo a primera vista. El principio alegórico de la guerra (principio sobre el que se inventó el ajedrez y trascendido por el contenido mágico del propio juego) es anulado por las maniobras políticas y bélicas que van ocupando cada vez más espacio en la película, dominando todo su meollo dramático, mientras el ajedrez pasa a un segundo plano, anecdótico y hasta frívolo. Esa es la idea.
El guió se centra, en apariencia, en el amenazado destino de un reino indio, Oudh, hasta ese momento en excelentes relaciones con el imperio británico, que obtiene de aquél gran parte de sus finanzas para sus guerras y colonizaciones en otras zonas de la India. Pero el reino de Oudh ha basado tradicionalmente su bienestar en esas inmejorables relaciones con los británicos, que ahora ven llegada la ocasión de hacer presa también sobre él, a causa, se nos dice, del mal gobierno del rey autóctono (¿cuántos golpes de estado no han tenido lugar en la historia sobre ese maravilloso pretexto u otros parecidos?).
El monarca, por cierto, envió su corona a Londres durante la Exposición Universal de 1851 (¿algún significado ajedrecístico? Recuérdese el famoso torneo, organizado por Staunton y ganado por Anderssen, considerado el primer evento de auténtico rango internacional).
Se nos presenta a dos amigos, contrincantes habituales de ajedrez, que juegan, confortablemente instalados, en casa de uno de ellos: con sus narguiles, comida, bebida y sirvientes para atenderlos en todo momento y reponer lo consumido.
El tablero es de paño y, curiosamente, las casillas son de tres colores, blancas, verdes y negras (¿o azul oscuro?), estas últimas en diagonales alternas. Las piezas son de marfil (material), en este mismo color y rojo.
Al espectador se le informa desde la primera secuencia de que estos generales (suponemos que lo son en la realidad, o quizá no) tal vez no hayan derramado mucha sangre en el campo de batalla, pero que la guerra que ahora disputan no es, desde luego, una guerra sangrienta. Y que su mayor placer es practicar este juego todos los días. Con una ironía que podría ser de cualquier parte en el fondo (pero no en la forma, exquisitamente delicada), se alude a que quizá el espectador se pregunte si no tienen nada qué hacer y la respuesta es que no, porque ambos son ricos y su problema es cómo ocupar su tiempo, que es todo libre.
La visita de un amigo de ambos nos permite saber que el ajedrez fue inventado en la India y que en el ajedrez inglés las damas se colocan una enfrente de la otra, con movimientos más vivaces de las piezas.
Los conflictos comienzan cuando a nuestros amigos se les altera su partida de ajedrez. Primero, la esposa del anfitrión reclama las atenciones de su marido, injustificablemente desviadas hacia el ajedrez. Primer ataque: envía a su criada para hacérselo saber. Atajado. Segundo ataque: la criada debe informar al marido de que su esposa tiene un fuerte dolor de cabeza. El marido duda, pero aun así no se muestra muy dispuesto a abandonar la partida, lo que sólo hará ante la insistencia de su amigo, quien, de paso, se aprovechará para modificar la posición. Pero el anfitrión regresa pronto a su verdadera guerra del tablero multicolor.
(continuará)
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11 comentarios

  1. Antonio Gude 11:01, noviembre 15, 2011

    Gracias, Vanesa. De eso se trata, de transmitir la increíble riqueza del ajedrez en sus 14 siglos de historia en los que, además del juego en sí, se ha proyectado a otras disciplinas culturales. Saludos.

  2. Vanesa 09:48, noviembre 15, 2011

    Estoy pasmada tiene un blog que hace soñar, viajar a través del tiempo, de la India a Arabia o al s X como a la época actual. Un deleite para los sentidos!

  3. Antonio Gude 03:40, noviembre 15, 2011

    Nico. Siento no complacerte, pero considero que sobre Capablanca está todo dicho. Un genio para quien el ajedrez no tenía secretos. Interpretaba las posiciones como un adulto leyendo frases sencillas. Su prepotente declaración (San Sebastián, 1911) a sus colegas que analizaban deja clara la seguridad en sí mismo y su visión del tablero: «Cuando ustedes ven una posición, se preguntan qué sucede, qué sucederá. Yo lo sé.» Saludos.

  4. Nico 02:09, noviembre 15, 2011

    se pueden hacer peticiones? me gustaría un artículo de capablanca mi idolo

  5. Ajedrez Cehegin 20:10, noviembre 14, 2011

    Muy buena la pelicula así como el artículo, por cierto para los que no la hayais visto la tengo en mi blog junto a unas cuantas más que he ido coleccionando. http://ajedrezcehegin.blogspot.com/2009/04/los-jugadores-de-ajedrez-1977.html

  6. Ricardo 18:12, noviembre 14, 2011

    Como una buena partida….de ajedrez por supuesto!

  7. Paco 12:08, noviembre 14, 2011

    Me ha encantado este artículo, muy bueno.

  8. Antonio Gude 10:58, noviembre 14, 2011

    Graciela. Gracias por lo de «gran crítico», pero las palabras que definen mi relación con el cine son esas dos: me apasiona. Saludos.

  9. Graciela 10:55, noviembre 14, 2011

    Sin duda es una película con mucha fuerza y mucho mensaje. He oído que es usted un gran crítico cineasta también. ¿Es eso cierto? ¿Le apasiona el cine? Una admiradora.

  10. Antonio Gude 10:53, noviembre 14, 2011

    Jordi. Lo siento, ni idea. Supongo que al no ser muy comercial no estará en los circuitos de vídeos que por ahí se venden. Sugiero estés atento a los ciclos de proyección, porque hay varias películas de Satyajit Ray que tuvieron un gran éxito de crítica y ésta tampoco es manca. Saludos.

  11. Jordi 10:50, noviembre 14, 2011

    Sabe donde puedo conseguir esta película?